lunes, 20 de noviembre de 2017

- Cuando la ciudadanía se manifiesta

 muestra sus necesidades.

 Cuando se manifiestan quienes gobiernan

 muestran su incapacidad.


viernes, 17 de noviembre de 2017

El asilo de los libros

José Joaquín Rodríguez Lara


El primer libro que tuve en mis manos fue 'El manuscrito'. Tía Felisa lo había comprado, en La Alianza u otra librería de Badajoz, y nos lo dejó para que leyésemos, como antes que nosotros habían hecho sus hijos, a la luz de la lumbre que iluminaba el chozo.


Los textos de 'El manuscrito' tenían una caligrafía primorosa. Había letras de muchos tipos. Las cursivas resultaban especialmente elegantes. Más que el gusto por la lectura, 'El manuscrito' despertaba el interés por escribir bonito.


Pero mi abuelo materno -gracias abuelo José- lo utilizaba para que mis hermanos y yo leyésemos. Como ni la vista ni la práctica le daban para asegurarse de que verdaderamente leíamos lo que estaba escrito en las páginas del libro, abuelo José nos ponía una mano en el hombro o en el cogote y, por el tacto, sabía si leíamos al pie de la letra o le dábamos un puntapié a las letras y nos inventábamos lo que salía por nuestras bocas. Teníamos siete años, el que más, y muchas ganas de jugar.


Siete años después llegó a mi casa otro libro. 'La noria', de Luis Romero, un recorrido novelado, cangilón a cangilón, por la Barcelona de la posguerra. Lo llevé yo y lo leí con mucho gusto. Creo que con esa lectura nacieron mis aficiones literarias y periodísticas.


Desde entonces vendrían mucho más. Hubo un tiempo, cuando estudiaba periodismo en Madrid, que compraba un libro casi cada domingo. Nada más saltar de la cama, en la calle Santiago, número once, me dirigía a La Cuesta de Moyano, a pie. Iba de caseta en caseta, curioseando entre libros, libreros y clientela. Si encontraba algo que me interesaba, lo ojeaba y decidía sobre la marcha: o compraba el libro y no comía o comía y no compraba el libro. Si bajaba La Cuesta de Moyano con el reflejo de un libro en las pupilas, el menú de ese domingo era plato único: sopa de letras. Deshacía el camino hasta Santiago once, me metía en el catre y me comía el libro con los ojos.


He leído muchísimo en la cama. Incluso cuando hacía el servicio militar. Se apagaban las luces de la compañía y yo seguía leyendo bajo la manta. Con una linterna. El soldado que hacía la primera imaginaria siempre se acercaba a mi litera para aconsejarme que dejara de leer o me quedaría ciego.


La gran mayoría de esos libros viven conmigo. En mi vivienda hay una habitación que llamamos 'la habitación de los libros'. Nunca los he contado y no sé cuantos tenemos, pero las estanterías están llenas y con muchos volúmenes en doble fila o tumbados sobre los demás.


Como ocurre en las calles cuando se intenta aparcar, prácticamente no hay un sitio libre, así que un libro no es la mejor tarjeta de visita para presentarse en mi casa. A pesar de ello, no dejan de llegar nuevos ejemplares. Los que compramos, los que nos regalan, alguno que escribo yo...


Aún lloro por aquella joya impresa sobre el puente de Alcántara, dibujado piedra a piedra. La dejé olvidada sobre una bobina de papel y desapareció. Pregunté, pregunté y pregunté, pero nadie había visto el libro, a pesar de su gran tamaño. Espero que quien se lo llevó lo tenga en un sitio digno. Incluso sueño con que me lo devuelva. Todos los libros son importantes para mí, pero ese más, pues me quedé sin él sin ni siquiera haber empezado a leerlo.


Vivo con mi libros, sin querer desprenderme de ellos, porque entre sus hojas hay retazos de mi vida. Algunos están casi desencuadernados, de tanto abrirlos. Otros, los menos, nunca los he leído. Los hay que incluso siguen embolsados en el plástico del retractilado. Me da igual. Son tan parte de mí como los que me sé de memoria.


Aunque en mi casa no quepa un libro más, nunca he pensado deshacerme de mis compañeros de viaje. Lo que anhelo es disponer del espacio necesario para que no estén apretujados unos sobre otros.

 

Mucha gente soluciona el problema tirando a la basura sus volúmenes o legando sus libros a una biblioteca o a cualquier otra entidad. Comprendo a esas personas, pero me resultaría muy difícil hacer algo así. Entregar mis libros, los libros que me alimentan, a una institución sería como llevarlos a un asilo, a un asilo de libros.


domingo, 5 de noviembre de 2017

- Tengo muchas ganas de ver alguna revolución

en la que, aunque los revolucionarios se enriquezcan,

 los pobres no queden hundidos en la miseria.


sábado, 4 de noviembre de 2017

¡Ayuda, por favor!


José Joaquín Rodríguez Lara


Llevamos toda la vida buscando puertas astrales, agujeros de gusano, pasadizos y túneles que nos transporten a otros mundos, en los que no haya conflicto catalán ni belenes esteban, y los tenemos delante de las narices: en nuestra propia casa. Parece un módulo espacial, con su escotilla y todo, pero no lo es. Es la boca del misterio y ni siquiera Íker Giménez, comandante de puesto de Cuarto Milenio, ha reparado en ello. ¿Cómo se explica, si no es una boca sideral, que se coma los calcetines? ¿A dónde van los calcetines que desaparecen en la lavadora? A otros mundos. Fijo.

 

A ver, señoras y señores astronautas, ángelas y ángeles (ya sé que ustedes tienen alas en vez de sexo, pero es por discriminar entre otras y unos y no marginar a nadie), paracaidistas y habitantes de las nubes en general: ¡ayuda, por favor! Acaba de desaparecer un calcetín azul, grueso, a medio lavar, apto para botas de campo. Está usado, pero todavía me da el avío. Si lo ve, llámeme o avise a la Guardia Civil.

 

El otro calcetín, hermano mellizo del desaparecido, está desolado por la pérdida. Se siente sólo y no le llega la carne, la del pie, al cuerpo. Temo que termine en el contenedor de residuos ¿orgánicos?, ¿de plásticos?, ¿para celulosa?. ¿De qué cosa que no es hilo ni lana ni algodón hacen ahora lo calcetines?


- ¿De poliéster?


- Bueno, de poli o de guardia civil. Me da lo mismo quién se lo ponga. ¿Pero, cómo los hacen para que se desintegren en la lavadora? Me devora la duda. Hay angustias con las que no se puede vivir.


- Ni con Angustias ni con Dolores ni con...


-¿Te vas a callar de una vez? Y mira por la ventana, a ver si ves el calcetín. ¡Pobrecino mío!, con lo que yo lo he sudado. Vamos a hacerle una foto con el móvil al mellizo y ponemos carteles.


- Pero antes habrá que dejarlo a secar en la alambrera del brasero, porque está empapado y como sigue llorando...


- La madre que te parió. Anda, déjalo y pon la tele, a ver qué está cocinando hoy el Puigdemonio.


- Ahí lo tienes... Mira que le sienta mal la barretina de cocinero al tío.


- Si es que con esos pelos de fregona que gasta... Ni sé yo como lo dejan salir por Eurovisión.


- Cosas de Junqueras que tiene mucho peso. El Junqueras es pariente del Chicote, ¿no?


- Ahora que lo dices, se dan un aire; como si fuesen hermanos de primos segundos o algo así.


- Habría que meterlos a los dos en la lavadora, a ver si desaparece alguno y eso que ganamos.


- Cállate ya, que no oigo al Puigdemonio.


- ...hoy, para todos los paladares catalanes, vamos a preparar un plato rico rico: Calçots a la Independencia con Butifarra.


- Eso, sí, con butifarra, con mucha butifarra internacional. ¡Chúpatese esa, Puigdemonio!


- ¡Que te calles, leche! ¡Pobrecino mío!, ¿dónde estará?


- ¿El Puig..?


- ¡Qué Puig ni que Puig! ¡El calcetín, coño, el calcetín, que pareces un telediario, siempre con el Puigdemonio en la boca!


viernes, 3 de noviembre de 2017

La lista del paro engaña


José Joaquín Rodríguez Lara


En mi opinión se sigue contando mal a las personas paradas. Según las 'listas del paro', el mes de octubre dejó 3.263 desempleados más en Extremadura, región en la que la afiliación a la Seguridad Social (SS) aumentó en 825 cotizantes.

Si damos las cifras por verdaderas, el paro no subió en Extremadura en 3.263 personas el mes pasado. Todo lo contrario, el desempleo bajó en 825 personas. Porque la afiliación a la SS, y por lo tanto el trabajo legal, aumentó justamente en 825 personas que no estaban afiliadas porque no tenían empleo o trabajaban ilegalmente.
 
Los supuestos 3.263 parados más que nos dejó el mes de octubre ya estaban parados antes de ese mes, pues no cotizaban a la Seguridad Social. Si hubieran estado cotizando y hubiesen perdido su empleo, la afiliación a la SS no habría aumentado en 825 personas; habría disminuido en 2.438 cotizantes. (3.263 menos 825).
 
En vez de contar parados, es decir, demandantes de empleo, debemos contar empleados, personas afiliadas a la SS. 

Las listas del paro suben y bajan por multitud de razones. Las personas sin empleo anterior que se incorporan al segmento de la población activa y se inscriben como demandantes de empleo son clasificadas automáticamente como paradas. ¿Qué hacían esas personas el mes anterior? ¿Trabajaban? No. Estudiaban, se dedicaban 'a sus labores', por ejemplo escardando cebollinos, o no hacían nada. Pero, oficialmente, no estaban paradas. Empezaron a ser consideradas paradas cuando se inscribieron como demandantes de empleo. Justo en ese instante. A efectos oficiales, hasta ese momento trabajaban, pues no buscaban trabajo.

Lo mismo ocurre con quienes deciden, de repente, inscribirse en las oficinas de empleo, algo que hasta ese día no les había atraído, o quienes llegan del extranjero y empiezan a buscar trabajo o se recuperan de una enfermedad y se sienten con ganas de trabajar.

Lógicamente, las personas que pierden su empleo y se inscriben como demandantes para encontrar otro tienen una incidencia muy importante en la evolución mensual del desempleo.

Pero así como la lista del paro puede crecer por diversas razones, la lista del empleo solo sube por una razón: porque aumenta el número de personas que trabajan. Se cotiza a la SS porque se trabaja.

Puede ser un empleo temporal, precario, a media jornada, mal pagado, muy por debajo de la preparación y de la capacidad de la persona empleada, pero no deja de ser un empleo.

La afiliación a la SS puede confundir, pero es bastante más fiable que la lista del paro. La lista del paro engaña siempre. Basta con que a quien busca trabajo se le olvide renovar su demanda para que, oficialmente, deje de estar sin empleo. Para la lista del paro te mueres y has empezado a trabajar.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Naufragio en seco

José Joaquín Rodríguez Lara


Como vigía en la madrugada, huelo los aires que llegan hasta el carajo del palo mayor, tolvanera inmisericorde en la que sigue encallada Extremadura, nuestra nao capitana.

 

Encaramado en los altos de Salvatierra de los Barros, qué no daría yo por emular a Rodrigo de Triana y, a pecho descubierto y con boca de campana, gritar a los cuatro vientos: ¡agua, agua, por fin llega el agua!


Pero no llueve. Pasan la horas, los días, las semanas, los meses, pasan la confianza y la esperanza y la fe y no llueve. Hemos naufragado en el océano de los barbechos y ni siquiera tenemos tu consuelo magistral, Fernando Serrano Mangas, historiador, investigador, profesor y carpintero de ribera, que tanto nos enseñaste sobre pecios, cargas, naufragios y tesoros.


Tú, el mayor experto mundial en la carrera de Indias, en barcos y en el trasiego de metales y otras preciosas mercancías entre las costas americanas y Sevilla, fuiste un extremeño de tierra muy adentro, un portento que nació en Salvaleón y en Salvaleón se ha quedado, para siempre, encallado entre libros, apuntes, misterios desvelados y secretos sin desvelar.


Y sigue sin llover, querido e inolvidable Fernando. No cae ni una gota. Hemos vuelto a naufragar en un secarral. Somos los Cabeza de Vaca del secano. Es nuestro sino, amigo mío.


lunes, 30 de octubre de 2017


Pequeñas reformas para grandes cambios




José Joaquín Rodríguez Lara


Guillermo Fernández Vara ha anunciado esta misma tarde una remodelación de su Gobierno. En puridad, no es una crisis, pues nadie sale del Gabinete. En todo caso, sería una crisis con aspiraciones de crecimiento. Una especie de crisis del estirón. 


Hay un crecimiento indudable: aumenta el número de sillones. Antes había una presidencia y cinco consejerías y media, pues el departamento de Portavocía y Relaciones Institucionales tenía y tiene rango de consejería. Por eso motivo su titular participa en la reuniones del Consejo de Gobierno. A partir de ahora habrá una presidencia, una vicepresidencia/consejería y cinco consejerías y media, pues Vara crea la Consejería de Cultura e Igualdad y, además, asciende a vicepresidenta a la consejera de Hacienda. 


Sobre el papel no son grandes reformas, ni políticas ni administrativas, pero parece que Vara aspira a conseguir importantes cambios con esos modestos ajustes. 


Eleva a vicepresidenta a la consejera de Hacienda, intentando darle más relevancia nacional. No era necesario. Las administraciones del Estado no van a prestarle más atención a lo que opine la consejera extremeña de Hacienda por el mero hecho de que ahora sea vicepresidenta. Si Vara le hubiese dado competencias de más calado, tal vez, pero no es el caso. Es la misma consejería con distinto nombre. El ascenso a vicepresidenta de la consejera parece más relevante en el ámbito doméstico. Desde ahora, la compañera de Hacienda, ademas de compañera, es jefa, del resto de las consejeras y consejeros, por lo tanto, sus criterios pesarán más. No porque sean más acertados, sino porque serán emitidos desde una posición más alta, lo que amortiguará cualquier posible discrepancia. Una rebelión resulta impensable. Fuera de la Junta hace mucho frío.


El ascenso también puede interpretarse como un reconocimiento a la tarea desarrollada por la propia consejera, que sin tener el cargo ha ejercido de vicepresidenta en la sombra desde que entró en el Gabinete de Vara. 


La creación de una Consejería de Cultura e Igualdad, que se encargara de funciones que hasta ahora han estado asignadas a la Presidencia es, en primer lugar, una rectificación que Vara se hace a sí mismo. El modelo o no ha funcionado a su gusto o por fin, loado sea el Cielo, el presidente/consejero de Cultura se ha dado cuenta de que su actuación era manifiestamente mejorable. Dice Vara que no se ha entendido lo que quiso hacer al asumir las competencias de cultura y, como el sector cultural le reclama mayor "visibilidad", crea la Consejería de Cultura para que la cultura sea más visible. 


Es una explicación endeble, por no decir increíble. También se le ha pedido, por activa y por pasiva, que distribuya las competencias de educación y de trabajo en dos consejerías y no sólo no lo hace, sino que se ufana de mantener la combo-consejería, con una consejera que es como el dios Jano de la política extremeña: principio y final de la vida útil de la ciudadanía. Nada que ver con la consejería del espacio natural y todo lo que se mueva, que deja en un símbolo minimalista a la propia cabeza de Medusa. La de las serpientes, ya sabe usted.

Manifiesta Vara su deseo de que quienes se han estado ocupando hasta ahora de la Cultura en la Junta de Extremadura sigan en sus cargos, por lo que hay que deducir que, en opinión del presidente, no lo están haciendo mal. El que no sigue haciendo de consejero de Cultura es el jefe, es decir Vara, que suelta competencias para que la política cultural mejore. 


¿Mejorará? 


Mejorará si se deja de hacer todo lo que se esta haciendo mal, que no es poco. Pero el simple hecho de crear la Consejería de Cultura no va a mejorar la realidad cultural. Los cambios a mitad del partido no siempre mejoran el juego del equipo, pero cuando se está cansado o no se da pie con bolo, sobre todo si juegas en la media, lo honrado es introducir cambios. 


Luego están las ruedas de prensa para vestir las reformas y que todo quede bonito. Pero ese es otro cantar. De gesta.


sábado, 28 de octubre de 2017

El último parado

José Joaquín Rodríguez Lara


Érase una vez una comunidad autónoma del sur de España en la que cada día había menos desempleo.

La demanda de trabajo bajaba con tal velocidad que, en muy poco tiempo, se llegó a una situación impensable: sólo había un desempleado, uno.

El resto de la población no estaba parada. Todo lo contrario. Cada vez se movía más, marchándose a otras regiones en las que sí encontraban trabajo.
 
Eso sí, en los cementerios cada día había más muertos de hambre. Viejos sin horizontes. Personas muy quietas y en posición horizontal.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Fábula del campanario metido en harina



José Joaquín Rodríguez Lara


Había una vez una aldea en la que se cocía pan. La mayor parte de la producción se vendía a los habitantes de las aldeas vecinas, que no tenían hornos ni molinos harineros, aunque sí producían trigo.

Embriagados por el brillo y el aroma de sus molinos y tahonas, los regidores de esa aldea y una buena parte de su población despreciaban a los agricultores y demás vecinos residentes en las otras aldeas de la comarca. Todo su empeño se centraba en excavar fosos y en reforzar la empalizada con la que habían rodeado a su poblado para mantener alejadas a las personas ajenas a su tribu e impedir así que se acercasen a sus molinos y a sus tahonas.

Ofendidos por una actitud que consideraban absolutamente injusta y xenófoba, los habitantes de las demás aldeas decidieron dejar de comprar el pan que se cocía tras los fosos y la empalizada. Esto alarmó a muchos molineros y a bastantes panaderos, por lo que se apresuraron a anunciar que abandonaban su aldea.

Pero también causó alarma entre algunos productores de trigo que, con el jefe de su tribu a la cabeza, se metieron en harina y se subieron al campanario para advertir a sus feligreses que si dejaban de comprarle pan a los panaderos xenófobos, los molineros que los despreciaban no le comprarían trigo a los agricultores despreciados y la economía de la aldea se resentiría.

MORALEJA: Hay gentes a las que les preocupa tan poco la dignidad de quienes, a ambos lados de la sinrazón, luchan y arriesgan sus bienes en defensa de la justicia, que prefieren seguir comerciando con los xenófobos para que no se le descalabren sus cuentas.


jueves, 19 de octubre de 2017

El desparrame de la televisión

José Joaquín Rodríguez Lara


La televisión tiene cadenas porque si estuviese suelta destruiría el mundo. Como King Kong. Los programas de televisión se sirven encerrados en jaulas -la caja tonta llaman al televisor- porque si se distribuyesen envueltos en papel terminarían con la Humanidad. Con la humanidad de la Humanidad ya casi han terminado.


La televisión es desmesura porque si no fuese desmesura no sería espectáculo y si no hay espectáculo no hay televisión. La normalidad no vende.


En la televisión triunfa lo extremo y fracasa la moderación. Si eres lo más en lo que sea, no lo dudes, hay un puesto para ti en la televisión. No importa que seas muy machista, mucho, y no lo sepas, que tengas una apariencia estrafalaria y la cultives, que te hayas montado un cuento y vivas del cuento, que no hayas dado ni un palo al agua y se te note en la cintura, que manipules con humor y cantes fatal, que ganes en fealdad según te van realizando operaciones de estética, que la lencería vaya a ser tu traje de fiesta hasta que nos den las uvas...

 

Todo vale. Hasta la belleza desnuda, sin aditivos. Si destacas por la perfección de tus rasgos faciales, pásate por la televisión. Siempre podrás informar sobre deportes o gesticular ante los mapas del tiempo. La ciencia meteorológica es otra cosa.


¿Quiere decir todo esto que en la televisión no trabaja gente normal? Bueno, gente normal hay poca en Extremadura, en El País, en El Mundo y en cualquier otra sala de espectáculos, pero sí, en la televisión trabaja gente normal. A veces. 


Pero es gente normal de provincias, profesionales de gran valía a quienes nunca le darán un Premio Ondas o un Antena de Oro porque son de provincias, en primer lugar, y gente normal para terminarlo de arreglar. No son lo más.

 

Lo más suele ser gente de provincias que se va a la capital. A desparramarse por los televisores.


El mundo de la televisión es así. La televisión es la parte brillante del universo hertziano. Pero también existe otra parte igualmente desmesurada y espectacular. Es el público.

 

La gente que a todas horas ve esos programas de televisión, precisamente esos y no otros, es la materia oscura que se envenena de molicie y de zafiedad desmadejada al otro lado de la reja del televisor.

 

Menos mal que King Kong está encadenado. Por ahora.


miércoles, 18 de octubre de 2017

sábado, 7 de octubre de 2017

Paisaje submarino


José Joaquín Rodríguez Lara


El macizo del romero es el arrecife del huerto.

Recostado contra la tapia, verde de profundidad y azul de espuma perfumada, salpica el aire con sus esencias montaraces. Entre las ramas y las hojas y las flores del romero se cobijan y se alimentan multitud de animalillos. Es una increíble explosión de vida, un ballet de colores en la resolana submarina del otoño.

Por el tronco, retorcido y pardo, que emerge junto al arriate desentrañando el misterio de la tierra, trepa la lagartija. Durante un instante, se para a tomar el sol y enseguida se escabulle en el intrincado oleaje de los aromas. La lagartija siempre parece forastera. Es una turista permanentemente tumbada sobre su vientre.

En las hojas del romero se posan multitud de insectos, de mil formas y tamaños, que aman y juegan mientras se alimentan. Las moscas formalizan su relación en un suspiro, posadas sobre el ramaje. Las abejas recorren los tallos y entran en todas las flores. Van de visita y no les falta ni la constancia ni tampoco el bolso. Siempre se llevan algo para casa. En sus vistosos helicópteros de policía, las avispas sobrevuelan el macizo. Vigilantes. Algún moscardón zumba con prisas de motero entre las mariposas, blancas, verdecillas, pardas, rojizas, azules... Casi todas diminutas. Entran y salen de las flores en un irrefrenable caos sincrónico.

Las mariposas son los ángeles o los peces payasos del romero coralino. Nadan tranquilamente de un lado para el otro, visitando todos los surtidores de néctar; pero si alguna gallina se acerca al arrecife, tanto ellas como los demás habitantes del romero toman precauciones o directamente desaparecen para no jugarse la vida.

Las gallinas causan terror en el arrecife. Son los tiburones del huerto.


jueves, 5 de octubre de 2017

El corrido de la patata


José Joaquín Rodríguez Lara


El ser humano es el único animal capaz de asesinar a un semejante y erigir un monumento para celebrarlo. Ándese usted con tiento. De semejante bicho puede esperarse cualquier cosa.

Las personas, en general, parecen ser más proclives al enfrentamiento que a la colaboración. Los animales también luchan. Los tiburones se devoran unos a otros incluso antes de nacer. Y no es una exageración literaria. Es una verdad documentada.

Pero los animales luchan por bienes tangibles: la comida, el territorio en el que está la comida, la actividad sexual, que les asegura la continuidad de sus genes en el tiempo, y el liderazgo, el poder, que les facilita y les garantiza la reproducción.

Los seres humanos luchan, a muerte, por esas cosas y por otras que parecen no interesarles ni poco ni mucho ni nada a los animales. El color de la piel, el lenguaje y la ideología, por ejemplo, no despiertan instintos sanguinarios en los animales.

En las personas, sí. El instinto tribal y el sentimiento de propiedad, que no deja de ser un tribalismo al menudeo, se atrinchera contra los demás, enroscándose como una serpiente sobre sus huevos.

Eso explica el rechazo al extraño, ya sea extranjero, forastero o simplemente vecino de otro barrio. De la empalizada hacia fuera, nadie es buena gente. Más que la conducta importa el campanario. No me ha hecho nada, pero, cuidado, es de izquierda. O de derechas.

En las ideologías hay pocas ideas y muchos tópicos, frases hechas y prejuicios. Si no piensa como yo, es mala gente. Si no adora al mismo dios, o no dios, al que le rezo yo, es un pecador, un pagano, un infiel, un sectario condenado a condenarse.

Esto es lo habitual, pero no creo que sea lo natural. ¿A qué deidad adora la naturaleza? ¿Qué ideología defiende? Los peces, las plantas, las aves, los insectos, los mamíferos, los virus, las bacterias... ¿son de izquierdas o de derechas?

¿No tienen ideología? ¿Por qué no iban a tenerla si nosotros sí la tenemos y antes que personas fuimos animales arborícolas y hasta seres unicelulares? ¿Quién ha demostrado que la naturaleza no sea de izquierdas, de derechas o de centro? ¿Las plantas y los animales, y todos los seres que interactúan con el medio natural, son conservadores o revolucionarios?

¿Es conservadora la planta que le pone alas, o garras, a sus semillas para que viajen lo más lejos posible y conquisten nuevos espacios? Creo que no. Parece más revolucionaria que otra cosa. Siempre oteando el horizonte y lista para el cambio.

¿Es revolucionario el animal que se adapta a un determinado enclave natural, con su comida, su clima, sus refugios, y no sale de él salvo que se le eche a la fuerza? A mí me parece más conservador que cualquier otra cosa. Los hay que los sacas de su entorno y se mueren. No hay revolución ahí.

¿Y no existe un termino medio? Estoy convencido de que sí. La patata, por ejemplo, pariente cercana del tomate -rojo a rabiar-, de la berenjena -azuloscuracasinegra-, y del tabaco -verde en el campo, pardo en la fábrica y negro en los pulmones-, entre otras hierbas pertenecientes a la importantísima familia de las solanáceas, la planta de la patata, la patatera, no es ni de izquierda ni tampoco de derecha. Es de centro. Su ideología está equidistante entre la socialdemocracia y la democracia cristiana.

La patatera es de centro a pesar de que, en su juventud, fue revolucionaria; como la zanahoria, la remolacha, el cacahuete y otras plantas que, para evitar que los herbívoros devorasen sus frutos, impidiéndoles la reproducción, optaron por esconderlos bajo tierra. El suyo fue un invento revolucionario, pero con los siglos se ha convertido en una práctica conservadora. La patatera esconde su riqueza en la oscuridad del subsuelo para que nadie se la quite. Y si alguien o algo desentierra algún tubérculo -tan feo de cara como de nombre- exponiéndolo a la luz del sol, la planta no se resigna a perderlo, así que lo envenena con un buen chute de clorofila verde para que le siente mal a quien se lo coma. La patata, que un día fue revolucionaria, entró en el Consejo de la Revolución y se ha convertido en funcionaria.

"Mi padre fue peón de hacienda / y yo un revolucionario, / mis hijos pusieron tienda, / y mi nieto es funcionario", que dice el corrido mexicano.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El renacer de Sucesos


José Joaquín Rodríguez Lara


El periodismo de sucesos no alcanzaba semejante nivel de notoriedad desde los tiempos gloriosos de 'El Caso'. A pesar de sus modestos comienzos -inicialmente se imprimía en los restos de las bobinas de papel desechados por otras publicaciones-, ''El Caso' fue todo un fenómeno informativo entre los años 1952 y 1997. Este semanario, especializado de forma monográfica en sucesos, llevó a toda España los crímenes cometidos en el país durante la segunda mitad del siglo XX. 'El Caso' se leía en todas las ciudades y hasta en los pueblos más diminutos con un fervor y una fidelidad que para sí hubiesen querido los grandes rotativos de entonces y de ahora.


Con el comienzo de la etapa democrática, el interés del periodismo español por 'la sangre impresa y ordenada' -los asesinatos de ETA en Nacional, los demás, en Sucesos- disminuyó, y no sólo se eclipsó 'El Caso', sino que hasta desaparecieron las secciones de sucesos en las páginas de los periódicos. Los crímenes -el asesinato de los marqueses de Urquijo (1980), de las niñas de Alcácer (1992), de Sandra Palo (2003)- generaban información, pero dejaron de ser un género periodístico con parcela propia en el planillo de los periódicos.


La situación está cambiando o lo ha hecho ya definitivamente. El arranque de esta nueva etapa del periodismo de sucesos podría situarse a finales del año 2011, con el homicidio de Marta del Castillo y el asesinato de los hijos de José Bretón. Desde entonces, el periodismo de sucesos está en auge. Los periodistas saltan de un caso a otro -asesinato de la niña Asunta Basterra en Galicia (septiembre del 2013), desaparición en Monesterio, Extremadura, de Manuela Chavero (julio del 2016), de Diana Quer, en Galicia (agosto de 2016), de Francisca Cadenas, en Hornachos, Extremadura (mayo del 2017), y muchos otros crímenes que no se incluyen en este texto para no hacer interminable su lectura.


El último gran suceso, con el que estos días no puede ni la extorsión independentista catalana, es la desaparición, muerte y localización (agosto/septiembre del 2017) de una pareja de jóvenes (23 y 21 años) en el embalse gerundense de Susqueda. El caso está lleno de misterio y se está contando como un folletín por entregas. Algo muy propio de la prensa.

 
Con este doble homicidio -intencionado, por supuesto; no planificado y ejecutado de forma chapucera- la información de sucesos ha alcanzado una nueva cota de notoriedad y de impacto popular. Especialmente a través de la televisión, que le concede minutos en su programación matinal, en sus informativos de hora punta y que hasta ha creado programas íntegramente dedicados a los sucesos. Desde 'El Caso' no se había visto semejante cosa.


Que las dos muertes del embalse de Susqueda son intencionadas parece estar muy claro, aunque el orificio de bala que presenta el cráneo de la chica podría haber tenido su origen en una negligencia o en un accidente. La muerte de su compañero descarta esta posibilidad, ya que resulta impensable que se produzcan dos negligencias o dos accidentes tan seguidos con armas de fuego.


El doble crimen no parece haber sido planeado o, si lo fue, se planeó muy mal, pues se ejecutó con muy poca precisión. Aunque la zona en la que, presumiblemente, se realizaron los hechos está prácticamente desierta, los asesinos -es imposible que el doble crimen lo ejecutase una sola persona- dejaron pruebas de tener muy poca práctica en la comisión de este tipo de delitos. El intento de hundir en el embalse el automóvil usado por la pareja, metiendo la primera velocidad y colocándole una piedra en el acelerador; la pretensión de hacer desaparecer el kayak que usaban rajándolo y poniéndole piedras; que se lastrase el cuerpo de los jóvenes metiendo piedras en sus mochilas indica que hubo improvisación y urgencia. Si a esto se suma el hecho de que los asesinos fuesen regando de pistas las orillas del embalse, hundiendo en un lugar el coche, en otro el kayak y en un tercero los cadáveres de los dos infortunados, dando así facilidades para que al menos uno de los puntos fuese localizado, ahonda la evidencia de la impericia de los asesinos. Las bandas del Este no suelen cometer este tipo de errores.


Hay que confiar en que los agentes que investigan los hecho reúnan datos suficientes pata detener a los criminales. Más difícil de resolver parecen los casos de Manuela Chavero, de Diana Quer, y de Francisca Cadenas, que desaparecieron dejando muchísimo menos rastro.


Cuarenta y dos años se han cumplido ya desde que cinco personas murieron de forma violenta en el cortijo sevillano de Los Galindos, marcado para siempre por la sangre y los cuerpos de las víctimas. El escenario era dantesco. En Los Galindos había rastros para hacer un tratado de criminología. Sin embargo, 42 años después aún no se sabe quien realizó aquella matanza, ni cómo ni tampoco el porqué. El delito prescribió en 1995. La memoria, sin embargo, tardará muchísimo más en borrarse. Y los archivos de televisión desaparecerán, si desaparecen, el día del juicio final, por la tarde.


lunes, 25 de septiembre de 2017

El nombre de las cosas

José Joaquín Rodríguez Lara


San Francisco era un santo tan humilde que, según cuentan sus íntimos, los frailes terminaron por referirse a él en los escritos llamándole Pa Co, abreviaturas de Pater Comunitatis, padre de la comunidad; franciscana, naturalmente. Otros dicen que Pa Co es un hipocorístico. A saber lo que será, cuando hay gente 'pa to'.


A lo que 'san Paco' de Asís (Italia) llamaría "hermano cavolo" por aquí recibe el nombre de col, sin distinguir al repollo de la berza. 


'Berza' le dicen a la veza, 'vena' a la avena y 'alpacas' a las pacas (del francés pacque) de paja, que además de estar hechas con trigo, 'cebá', alfalfa u otras hierbas, también puede ser de 'berza/vena', con más avena que veza, casi siempre. 


'Pacas' llaman por estos lares a las franciscas, aunque, si hay confianza con ellas o trabajan en una película dirigida por Almodóvar, entonces las llaman 'kikas' y hasta 'kiskas', como si fuesen chocolatinas. 


Los esquimales tiene diferentes combinaciones de palabras para denominar a la nieve según esté en forma de polvo, de hielo, derritiéndose o como esté. Por aquí tenemos poca nieve, aunque la apreciamos muchísimo y, en confianza, la llamamos 'cubitos'. 


Eso sí, franciscos, pacos, kikos, kiskos y curros hay para dar y tomar; los que quieras.

domingo, 24 de septiembre de 2017

El erizo


José Joaquín Rodríguez Lara



El erizo es uno de esos animales que, para la gran mayoría de los seres humanos, habitan justo en la línea que separa a la indiferencia del menosprecio.


Sus crías son preciosas y los adultos no son feos, pero entre que te da la espalda y se hace una bola si te acercas demasiado a ellos y que no resulta agradable acariciarlos, el erizo no tiene muchos amigos en el mundo de los seres humanos.


En el campo se cree que la eriza en celo envenena la hierba por la que pasa y puede matar a vacas, ovejas y otros herbívoros si pastan sobre el rastro. Seguramente es por eso que no se le quiere mucho.


Aunque hubo un tiempo en el que se apreciaba su carne. Y no por necesidad. Más parece haber sido por puro placer gastronómico. Como ocurre en las ranas. En casa tengo un recetario en el que se enseña a cocinarlo.


Afortunadamente para el erizo, no creo que aún se cace para comérselo.


Algunas personas lo tienen como animal de compañía. En Internet abundan los consejos sobre su alimentación. Curiosamente, aunque es un animal insectívoro y frugívoro, se aconseja suministrarle pienso seco para gatos, a pesar de que en su hábitat natural, los erizos cazan y comen grillos, ciempiés, alacranes y hasta víboras.


Así que ya lo sabe: si ve un erizo en la carretera y lo atropella, habrá matado usted a un amigo.






sábado, 23 de septiembre de 2017

La vida

José Joaquín Rodríguez Lara

No hay mayor desolación
que una maleta abandonada
en mitad de la estación.


(De mi poemario 'Poemas sin libreto')


jueves, 14 de septiembre de 2017

Para servir, hay que servir


José Joaquín Rodríguez Lara


Mucha gente, demasiada, supone que para servir copas o cordero asado con verduritas y patatas panaderas vale cualquiera. No es verdad. Existe un gran desconocimiento en torno al oficio de servir copas y cordero. Para empezar, no es lo mismo ser camarero que barman. En puridad, el camarero no trabaja en la barra, sino en la cámara, en el comedor. También hay diferencias entre ser camarera de hotel y pasarse la vida preparando habitaciones, y ejercer el cargo de camarera de la Virgen y tener el honor de vestirla en su camarín, además de prepararle el altar.


Para trabajar detrás de una barra o en un comedor, y hacerlo con profesionalidad, hay que tener algunas cualidades y habilidades que no suelen abundar entre el común de los mortales.


Empecemos por las físicas: los pies deben ser de titanio. Capaces de aguantar jornadas más que maratonianas. Detrás de una barra y por el pasillo que une la cocina con el comedor se hacen más kilómetros al día que en la mayoría de las competiciones deportivas. Lo sé por experiencia.


Y si los pies tienen que aguantar una paliza tras otra, no digamos las que soportan las articulaciones, las piernas, la cintura, la espalda, el cuello, los brazos... ¿Alguna vez ha sostenido usted con la mano izquierda una bandeja de comedor, ovalada y larga como un barco, con tres kilos de cordero asado en un extremo, dos kilos de patatitas en el otro y olas de salsa por el medio, mientras con la mano derecha articulaba en forma de pinza la cuchara y el tenedor con la que servía, en el plato, a los comensales? Yo sí. ¿Desea un poco más de cordero la señora?


Luego están las exigencias psicofísicas. Hay que tener la cabeza muy despierta y un gran equilibrio mental para no quedarse corto ni pasarse. Como todo el mundo, la clientela, incluso la de toda la vida, es hija de su madre y de su padre y hay que tratarla como si se estuviese desactivando una bomba, que puede estallarte entre las manos aunque carezca de carga explosiva y ni siquiera tenga dientes. Por no haberlos echado aún o por haberlos perdido por el camino.


En el mundo del fútbol se justifica que se pierdan los nervios con el pretexto de que el deportista está a 180 pulsaciones por minuto. ¿A cuántas pulsaciones se juegan los partidos de hora punta en la hostelería?


Para servir copas y otros caldos es muy conveniente tener agudeza visual, tanto de frente como hacia los laterales, y resulta provechoso poseer un buen sentido de la orientación y una gran sensibilidad espacial. Casi como para ser astronauta. Se deben poner los cinco sentidos en las personas a las que se está atendiendo en cada instante, pero sin perder de vista al resto del Universo.


El sentido de la orientación y la percepción exacta del espacio en el que se evoluciona resultan indispensables en los momentos de gran afluencia de publico, cuando los movimientos son más rápidos y constantes, y el más mínimo roce con un colega puede convertir el suelo del local en una laguna de sopa de fideos o de licor con hielo.


Una buena atención profesional exige, además, respeto, cordialidad, deligencia, precisión, flexibilidad y tanta memoria como capacidad de olvido.


La clientela debe ser recibida, acomodada y servida con rapidez, pero no es mejor quien más corre si, por correr, por ejemplo, vierte el café sobre el plato, tiñendo de marrón tanto la porcelana como el sobrecito del azúcar.


Algunas empresas hosteleras le dan más importancia a la decoración de sus locales que a la formación de su personal. Una chaquetilla manchada, unas manos con mal aspecto, hablar, por teléfono o sin teléfono, en vez de atender a la clientela, beber mientras se trabaja de cara al público -¿cómo le sentaría a usted que el camarero masticase un bocadillo mientras le sirve su filete?-, gritar, discutir y otros malos hábitos bastante extendidos en el mundo de la hostelería no se disimulan por mucho que se renueve la decoración.


La profesionalidad ha mejorado mucho en el sector durante los últimos años, pero a nivel global sigue siendo manifiestamente mejorable. El hecho de que muchas personas inicien su actividad laboral en la barra o en el comedor no es un argumento de peso para creer que, para servir cafés o paellas, no se precisa formación más allá de la que se ofrece en un cursillo de manipulación de alimentos.


Para servir copas o solomillo de retinto al queso de La Serena no basta con tener atractivo físico: hay que servir. Servir para el trabajo de servir copas y solomillo de retinto al queso de La Serena.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Tostá con higos frescos de Barcarrota


José Joaquín Rodríguez Lara


No es un invento. Tampoco es el descubrimiento que uno fuese buscando. Todo lo más, un hallazgo; casual e inesperado, como casi todos los hallazgos.


Pero sí es una propuesta. Firme, seria y sincera. Pruebe usted la tostá (vulgo, tostada) con higos frescos de Barcarrota. No se arrepentirá.


Es muy sana, es nutritiva, es apetitosa, tiene muy pocas calorías -100 gramos de higos frescos tienen 65 calorías; la misma cantidad de mermelada, 280, de foigras, 518, de mantequilla, 717...- y lleva incluida al menos una pieza de fruta fresca, algo que se recomienda para que el desayuno sea completo y saludable. La falta de fruta es la más grave carencia detectada en el desayuno de los niños españoles. La tostá con higos frescos de Barcarrota corrige este importante problema.


Soy de Barcarrota y en su II Feria del Higo -sábado 9 de septiembre de este 2017- acabo de presentar la tostá con higos frescos de Barcarrota. Más de cien tostás, preparadas por el maestro cocinero Fernando González y por Paco Quinito -agitador cultural- y otros colaboradores, se distribuyeron entre el público, que las comió con regocijo mientras escuchaba mis explicaciones. A todos los comensales pareció gustarle la propuesta. 'Riquísima' y 'yo no había comido nunca algo así' fueron las afirmaciones más repetidas.


La tostá de higos frescos de Barcarrota tiene diversas virtudes. Cuesta poco, es fácil de preparar, se elabora con productos completamente naturales, es apetecible...


Como es una tostá, tomamos como base una rebanada de pan -blanco, integral, de centeno, con semillas, de hogaza...; como usted lo prefiera- que tostaremos con mimo para no quemarlo. Sobre el pan recién tostado se rocían unas gotas de aceite de oliva; no más de una cucharadita. A continuación se pelan uno o dos higos frescos -cada pieza suele pesar menos de 50 gramos- y se untan sobre el pan, como si fuese foi, cachuela u otro alimento untable de los que se utilizan habitualmente en el desayuno y en la merienda. Si así lo desea, puede poner unos granos de sal gorda sobre la tostá. Y ya está lista para llevársela a la boca.


El higo es una fruta con una proporción muy baja de sodio, y por lo tanto es recomendable para las personas que no pueden tomar demasiada sal. Aunque a esta tostá se le añadan unos granos de sal, el contenido en sodio todavía será inferior al que tienen productos industriales como las conservas y semi conservas.


Así de fácil es la preparación de una tostá con higos frescos de Barcarrota. Hay otras versiones -con mantequilla, con queso, con miel...- pero no tienen ni el bajo contenido calórico ni la frescura ni tampoco el sabor auténtico de la tostá que les propongo. Comparen y convénzanse.


A la tostá con higos frescos de Barcarrota la hemos llamado así porque tiene a Barcarrota y a sus higos como epicentro. La propuesta la hace una persona nacida en Barcarrota; la tostá se ha presentado en la Feria del Higo de Barcarrota y, lo más importante, Barcarrota es el paraíso del higo. Sus brevas y sus higos de tiberia, de rey, de cuello de dama, de calabacita... son frutas de primor, con una calidad altísima. La producción es tradicional y el sabor invita a repetir.


Lástima que la temporada del higo fresco, tanto en Barcarrota como en cualquier otro lugar, sea tan corta y sólo permita disfrutar de esta tostá durante unos meses. Llegará el día en el que se podrán tener higos frescos, pelados y listos para untarlos sobre el pan, en cualquier momento del año. Hasta entonces, aprovéchese de que aún queda verano y desayune tostás con higos fresco de Barcarrota.


lunes, 4 de septiembre de 2017


La revolución conserva


José Joaquín Rodríguez Lara


La izquierda, en general, es bastante conservadora. De hecho, no hay nada más conservador que un revolucionario.


Los revolucionarios nacen con orejeras. Sólo pueden mirar al frente y sólo ven lo que les bulle entre las orejas. ¿Y qué es lo primero que hace un revolucionario cuando triunfa? Constituir, con la mayor solemnidad posible, el Consejo de Defensa de su Revolución. Poner en marcha un órgano monolítico y endogámico con el irrenunciable propósito de conservar congelados los trazos inspiradores de su idea. En no pocas veces, de su única idea. Los consejos de la revolución son frascos llenos de formol en los que se custodian, se conservan y se momifican los principios revolucionarios.


Para formar parte del Consejo de la Revolución es necesario haber sido jefe revolucionario y muy allegado al líder supremo de la revolución. De lo contrario no se entra en el frasco. Cuando un consejero de la revolución muere, no se le reemplaza, no vaya a ser que al retirar el tapón se introduzcan en el recipiente ideas nuevas, simplemente se amortiza la plaza.


Los revolucionarios se acartonan y se enmohecen retorciéndose entre las viejas consignas de los días de guerra, pero mantienen el ideario bélico pase lo que pase. Lo que ocurra fuera del frasco les trae al fresco. Muchos, ni siquiera cambian de atuendo. Parecen daguerrotipos colgados en las alcayatas del pasado.


Tampoco aceptan que deban morirse. Un revolucionario de verdad es para siempre. Fidel Castro vivió 90 años; Mao Zedong, 83; Ho Chi Ming, 76... El revolucionario que muere joven lo hace de muerte natural: tiroteado.


En el apartado de la longevidad los totalitarios de izquierda se parecen mucho a los totalitarios de derecha: se gastan menos que las pilas del conejo. Augusto Pinochet vivió 91 años y Francisco Franco, 83.


Si se considera lo mucho que ha adelantado la medicina, son pocos años, pero si se tiene en cuenta que Castro, Mao, Ho Chi Ming, Pinochet y Franco organizaron una y mil batallas, es un prodigio que llegasen a viejos.


El secreto de su longevidad resulta evidente: las revoluciones, incluso las que parecen de izquierdas, suelen ser muy conservadoras.


miércoles, 30 de agosto de 2017

El pimentón extremeño


José Joaquín Rodríguez Lara


Me encanta el pimentón de La Vera. Es uno de los tesoros que Extremadura le ofrece al mundo.


Una pizca de pimentón verato da sabor; dos pizcas dan color y tres pizcas conservan.


Y lo más asombroso es que siendo por sí mismo una joya gastronómica, el sabor del pimentón de La Vera, tanto si es dulce como si es picante o es agridulce, mejora una barbaridad, pero una barbaridad, cuando se le añade chorizo, se le unta queso, se cubre con unas sopas de ajo, se acompaña con un frite de cabrito, con lomo en vela o con cualquier otra cosita...


El pimentón de La Vera es increíble: admite cualquier acompañamiento. Yo lo he probado hasta con pulpo gallego y, oye, ¡genial! El pimentón.


martes, 29 de agosto de 2017

El otoño, tras la cerca de los calendarios


José Joaquín Rodríguez Lara


Primera gran tormenta del estío. Caliente. Explosiva. Violenta. Atronadora y cargada de relámpagos. Con goterones gordos como altramuces y granizos que sacuden la tierra con su descarga de fusilería. ¡Fuego graneado, que se acaba el verano!


La charca de Almamés, que estaba completamente seca, ha cogido agua en media hora de diluvio y la humedad le vendrá bien a la aceituna, muy agostada, y a la bellota. Salvo que volvamos al horno inmisericorde de los 40 y más grados y se pierda buena parte de la cosecha y de la montanera. Habrá que esperar unos días para saber como le ha sentado el agua a los higos y a las uvas.


El verano no se acaba por una tormenta, pero anuncia que algún día, al fin, se irá. A su pesar, claro. El estío es una estación invasiva. Depreda sobre las demás y las devasta. Lo mismo se adelanta y pisotea a la primavera, que se encarama a lomos del otoño y lo cabalga sin permitirle que salte la cerca de los calendarios y galope en libertad.


El verano es un ególatra y está convencido de que la pelota que arde sobre nuestras cabezas es suya. Así que si él no juega, no deja jugar a nadie. No se resigna a la jubilación el verano. Por el 21 de septiembre deja el empleo, pero enseguida, a final de mes, reaparece con el Veranillo de San Miguel (29 de septiembre), también conocido como Veranillo del Membrillo y como Veranillo de los Arcángeles. Llamarlo Veranillo de la Feria de Zafra tampoco sería descabellado, pues en el centenario certamen agroganadero extremeño hay de todo y, por supuesto, abunda el calor.


Con tantas intromisiones veraniegas, al otoño le cuesta relinchar. Las calores no terminan con estos ramalazos del estío, sino que vuelven a mediados de noviembre con el Veranillo de San Martín. El verano es agobiante. Por el calor y por lo mucho que dura. ¡Qué pesadez!


El otoño, en cambio, tiene como bandera la moderación. Situado entre el bochorno veraniego y el frío invernal, el otoño no molesta a nadie. Es el salón dorado de las estaciones. Nos ofrece frutos consistentes, como la bellota, la castaña y la nuez, que tantas hambres han remediado; nos obsequia con la fragancia de las uvas, de las granadas, del pero sanmigueleño y del membrillo. No es abundante en flores, pero nos viste y nos abriga con el hermoso manto tornasolado de las hojas en vuelo, mariposas de noviembre, y con la toca mullida del musgo, que lo mismo arropa a gigantes de piedra que a setas diminutas y a duendecillos del bosque.


En las ciudades, en las que se venera a la primavera, se idolatra al verano y se festeja al viejo de las nieves, se suele menospreciar al otoño. Es como si no existiese o como si fuera simplemente la antesala del invierno. Pero el otoño es fundamental en el reloj de la vida; una pieza muy importante en el engranaje de los días. En el campo lo saben bien.


La otoñada es el gozne, la bisagra del año, que para la gente que subsiste a pesar del campo no se inicia en enero, sino al comienzo del otoño, por San Miguel, cuando empiezan y acaban los contratos campestres, cuando se vende y se compra el ganado, se enceta la montanera y arranca el engorde de los cochinos. Por San Miguel, el otoño salta las cercas y galopa los calendarios. Si el verano le deja.


martes, 15 de agosto de 2017

El grillo

José Joaquín Rodríguez Lara


Cuatro de la mañana. El grillo lleva cantando desde las once, cuando todavía era ayer, como si viviéramos en Canarias. Y no se cansa. Es un grillo insobornable. A pesar de que son las cuatro de la madrugada. ¿Dónde estará escondido el puñetero grillo? ¿En este rincón? No. ¿Detrás de la pilistra? No. ¿Debajo de la alfombrilla? Tampoco. Enciendo la luz, y se para. La apago y reanuda su serenata. Me acerco a la ventana, porque parece que suena junto al visillo, y vuelve a callarse. Pero no lo veo.

 

- ¡Aquí tampoco está!


- ¡Ay, pero déjalo ya y duérmete! (Me dicen.)


Pero, ¿cómo se puede dormir con un grillo cantándote entre las orejas? Dentro de la cabeza. Y no es un grillo cualquiera; es un grillo de categoría. Un grillo 'ralete' -de real- que parece una reencarnación de Fidel Castro, que en paz descanse. Si es que el grillo le deja descansar en paz. Me recuerda a Fidel no por la barba, sino por las peroratas que soltaba El Comandante.


Cuando yo era niño cazaba grillos, como todos los niños que hemos sido niños y no informáticos criados a base de petits suisses; cazaba grillos 'raletes', en Barcarrota, los enjaulaba y los alimentaba con cerrajas, lechuguinos y otras hierbas. Aquellos grillos solían cantar mucho. Pero, como este, ¡como este, ninguno!


Ni siquiera Joselito -"¿quién ha pintao tus ojeras, la flor del lirio real, quien te puso Campanera, ¡ay! Campanera, por qué será?"- ni la portentosa figura de Joselito puede equipararse a este grillo. Diminutos, los dos, negrinos, ambos, y cantantes, pero a decibelio por kilo, gana el grillo. 'El Pequeño Assserrrrradoor de Seis Patas', un vozarrón. ¡Dónde va a parar!


- "Aquí, aquí está!"


- ¿Dónde?


- "Debajo del umbral, en el desagüe".

 

Los umbrales de las casas de pueblo suelen tener en la piedra un orificio para que salga el agua de fregar el pasillo, si es que no se recoge toda con el trapo. El agujero tiene el tamaño justo de una grillera y viene de serie con la piedra.

 

- ¿Está en el agujero del umbral? ¡Este grillo es un puto okupa!


Con el tallo de una planta, como cuando vivía en Barcarrota, hurgué en el escondrijo del bicho. Salió al instante. Tuve que perseguirle por el pasillo y me costó alcanzarle, a pesar de que el grillo huía vestido de frac y con el violón a cuestas. Pero lo conseguí.

 

- Ven aquí, canalla, que te voy a dar lo tuyo.

 

- "¿Dónde vas en calzoncillos?".

 

- ¿Dónde voy a ir, mujer? ¡A la calle, a desahuciar a este artista!

 

- "Pero, ¿y si te ve alguien?".

 

- Si me ve alguien, que se tape los ojos. Pero el grillo este duerme hoy fuera de España como que me llamo Joaquín.

 

Salí a la madrugada y tiré el grillo en el llano, en mitad de los coches aparcados.


¡Y cantó! El muu..., se puso a cantar en cuanto tocó el suelo. La madre que lo parió. Entré en casa, cerré la puerta y me fui para la cama sin saber si luchaba contra un grillo portentoso o contra una gramola.


sábado, 12 de agosto de 2017

¡Qué fatiguitas!



José Joaquín Rodríguez Lara


¡Qué asco de calores! Se te quitan hasta las ganas de hacer de comer. 


Había pensado merendar una tortilla de papas, pero por no batir los huevos... Lo he dejado para otro día. Y aquí estoy, a raja y pela, con un gazpacho recién hecho, en la batidora, claro, y sacándole lascas a la paleta de la cochina. 


Y es que no tiene ganas uno de 'na'. 


Pues como el tiempo siga así, me echo la siesta en la alcoba, con la sábana por encima, y al Lorenzo que le ponga cremita su santa madre. 


Desde luego, quien llamó a esta tierra Extremadura, que fatiguitas debió de pasar. Con el buen agua que hace el espiche y lo tranquila que está la sombra. ¿Extremadura? ¿Esta tranquilidad es extrema y dura? ¡Anda 'p'allá', ignorante! 


Si hasta el Sol prefiere veranear debajo de las encinas.



martes, 8 de agosto de 2017

A la caza de la caza

José Joaquín Rodríguez Lara


La caza tiene muy mala imagen pública. Salta a la vista. Es una mala imagen originada, azuzada, reforzada, proyectada y sostenida por los medios y las redes de intercomunicación social. Es una mala imagen injusta, pero palpable y muy perniciosa para todo el sector cinegético.

Habrá personas a las que no les importe lo que las demás piensen de su comportamiento, y están dispuestas a seguir viviendo su pasión cinegética, mientras puedan y se lo permitan, como lo han hecho siempre.

Esas personas no se dan cuenta o, si se dan, no les importa que la actividad cinegética no es inmune al poder de persuasión, de auténtica presión, que tienen quienes están en contra de la caza. Son gentes que votan, que se organizan, que se manifiestan, que ocupan escaños en los parlamentos y que gobiernan o pueden gobernar. Tienen mucha más fuerza que el mundo de la caza, en general, muy poco propenso a la cohesión, aunque, sólo en España, sin incluir en la cuenta al resto de la Unión Europea, la actividad cinegética mueva a centenares de miles de personas, genere muchos millones de euros de Producto Interior Bruto y también tenga practicantes y defensores sentados en las cámaras legislativas y en los gabinetes de gobierno. Pues en el balance de fuerzas a favor y en contra de la caza, que se enfrentan en el ruedo de la opinión pública, ganan, por goleada, estas últimas.

La caza es una actividad natural, legal, regulada, sometida a numerosos controles, que paga impuestos y hunde sus raíces más allá de los orígenes del ser humano, hasta el punto de que sin caza no existiría la Humanidad tal y como la conocemos. Sin embargo, los cazadores somos acosados por la Administración, perseguidos por quienes están en contra de esta práctica ancestral, tachados de asesinos y despreciados como si fuésemos delincuentes.

No se puede, ni mucho menos se debe, permanecer impasibles ante tantos y tan injustos ataques. Tendría que ser la Administración la que saliese, de oficio, a defender al sector cinegético, del que sólo se acuerda a la hora de recaudar. Pero el mundo de la caza también debe esforzarse para corregir y reconducir, en la medida de lo posible, esa mala imagen que, sin duda, contribuye a mantener y a acrecentar con hechos que no tienen encaje en un mundo que les otorga a los animales derechos que, hace muy pocos años, estaban reservados exclusivamente para las personas.

Desde el punto de vista geopolítico, España es predominantemente rural. Pero desde el punto de vista sociopolítico, España es mayoritariamente urbanita. El mundo rural parece un ámbito de guardarropía, de museo. Los valores que más ruido hacen y que terminan imponiéndose son los propios de las grandes urbes, que están devorando a los pueblos abduciendo a sus habitantes y descapitalizando sus economías. Para el mundo urbanita, que contamina más que cualquier otro, con humos, ruidos, luces.., el mundo rural es su jardín de descanso y está empeñado en que siga siéndolo, con sus pueblitos y su naturaleza intacta.

El mundo urbanita no sabe, ni quiere saber, que el mundo rural es un paraíso natural porque generaciones y generaciones de pueblerinos han explotado el campo con prácticas sostenibles. Ignora el urbanita que la dehesa, por ejemplo, es un maravilloso ecosistema modelado por el hombre con actividades como el pastoreo, el carboneo, la agricultura y, por supuesto, la caza, que es tan natural como la encina o el agua de los arroyos.

Pero la caza no es vista con buenos ojos. Tiene mala prensa la caza. Y buena parte de la culpa la tienen los propios practicantes de la actividad cinegética. En un mundo en el que la comida se vende de tal modo que es necesario hacer un esfuerzo de imaginación para convencerse de que las pechugas de pollo, las rodajas de salmón, las costillas de cordero y cualquier otro tipo de proteína fileteada y envasada alguna vez tuvieron vida, no se puede sostener la bondad medioambiental de la caza mostrando una catarata de imágenes en la que las perdices, los conejos, los venados, las palomas… caen en manadas, como si en vez de personas falibles, quienes disparan fuesen dioses con poderes de destrucción inconmensurables. Ni el rayo de Júpiter fue jamás tan certero como una ensalada de disparos servida por televisión.

Y la caza no es eso. Cazar no es matar. La muerte es y ha sido siempre el punto culminante de la cacerería, pero cazar es mucho más que capturar o abatir la presa. Si la caza se limitase a un ejercicio para aprovisionarse de carne, no patearíamos los cazaderos, cazaríamos en las carnicerías. Mucho más barato e infinitamente más cómodo.

Las imágenes, repetidas hasta la saciedad, de los disparos y de los animales inertes dispuestos en orden cuadrangular, como víctimas de una catástrofe, le hacen daño a la caza. El alarde, no pocas veces arrogante, del matador que posa a lomos de su trofeo no beneficia a la actividad cinegética.

No digo yo que haya que prohibir la filmación de esas escenas, pero sí estoy convencido de que es muy pernicioso utilizarlas como el estandarte de la actividad cinegética. Sobre todo en medios generalistas, especialmente el televisivo, que, al contrario de lo que ocurre con esta revista y con las demás publicaciones especializadas, llegan a casi todos los sectores de la población y causan un fuerte impacto entre personas que desconocen el mundo cinegético.

Una imagen vale más que mil palabras, asegura un proverbio chino, y una mala imagen causa más daño que mil palabras de elogio, añado yo. Especialmente cuando hay tanta gente empeñada en ir a la caza de la caza.

Y si no lo cree, piense en los galgueros, practicantes de uno de los sistemas de caza de liebres más naturales y ecológicos, que están siendo denigrados a troche y moche tras difundirse imágenes de galgos ahorcados o abandonados. En Ibiza y en las islas Canarias se practica otra modalidad de caza al diente, en este caso de conejos, con podencos ibicencos y con podencos canarios y, sin embargo, no se persigue a los podenqueros con tanta saña como a los galgueros.

Aun más, los cetreros tienen una altísima consideración social, a pesar de que, en esencia, hacen lo mismo que los galgueros y los podenqueros: ponen a sus pájaros tras la presa. ¿Pero alguien vio alguna vez un alcón colgado de una higuera?

Si usted continúa creyendo que el uso prudente de lás imágenes cinegéticas no contribuiría a frenar y reducir la mala prensa de la caza, fíjese en la pesca. Desde que las televisiones y los medios impresos hacen hincapié en la pesca sin muerte, los pesquiles parecen peanas sobre las que, caña en mano, se asientan santos milagreros. Y mire usted, mucho más cruel me parece a mí cebar las aguas para engañar a los peces con la comida y sacarlos del agua, para verlos, sólo para verlos, con la intención de soltarlos unos minutos después, que patear los campos para arriba y para abajo buscando perdices, liebres y conejos. Los peces deben de creer que en su charco ha caído el maná y comen confiados. Las liebres, conejos y perdices saben desde hace tres meses que mañana correrá la pólvora y, haciendo gala de su prudencia y de su sabiduría, huyen o se esconden.

Lo mismo deberíamos hacer los cazadores: disfrutar de la pasión cinegética con pruencia y sabiduría. Porque lo importante no es colgarse hoy una pieza más, sino contribuir a que mañana no haya una pieza menos para empiolar. Hay que defender la caza desde abajo, desde el cazadero, esforzándose en que produzca lo que la naturaleza permita sin convertirlo en una granja intensiva, ni mucho menos en una pasarela de especímenes desnaturalizados. Ante todo y sobre todo, la caza es algo natural.

Y hay muchas formas de defender la caza. Como guarda, como cazador, como promotor, como hostelero, como periodista o como editor, faceta esta en la que José Antonio Rodríguez Amado lleva 24 años de esfuerzo. Es difícil encontrar publicaciones que como las suyas – ‘Caza Extremadura’ y ‘Senderos’ - defiendan con tanto ahinco, durante tanto tiempo y con tanta constancia el mundo natural y la actividad cinegética como parte indisoluble del mismo. Me quito el sombrero y levanto mi copa para que mantenga su defensa al menos veinticuatro años más.

(Artículo publicado en la revista 'Caza Extremadura'.)

martes, 25 de julio de 2017

SÚPLICA CIUDADANA EXTREMEÑA


Pieeensa en miií
cuaaando mandes;
cuaando cobres,
también pieeensa en miií.
Cuando sientas que el poder
es caaarne de tu caarne,
cuando creas que tu cargo,
ese despacho o ese coche
se hicieron para tiiii.
Pieensa en mí,
si gobieernas,
si gobiernas,
por favor, pieeeensa en mí.



lunes, 17 de julio de 2017

La mitad del cuarto de escabeche


José Joaquín Rodríguez Lara


El calendario empezó a perder sus aristas, de gato sempiternamente erizado, el día que se popularizaron las conservas. Cortar el tiempo en rodajas dejó de tener sentido cuando todo empezó a llegarnos en lata, y luego, con la proliferación de las cámaras frigoríficas y la distribución de los alimentos a escala global, se marchitaron las hojas de los almanaques y las estaciones, los meses, las semanas y los instantes dejaron de ser jícaras de chocolate para convertirse en cacao en polvo.

 

Los días se hicieron puré; una papilla tan fina y homogénea que ni siquiera tiene grumos.


Hubo un tiempo en el que la gente se sentaba a la puerta de su casa para ver pasar las horas, o para recibir al coche de línea: el Brito, la Leda, la Estellesa... El tiempo giraba a su ritmo, con crujidos de cangilones en la noria de la vida. Era inútil apresurarse; todo tenía su momento y su lugar.


Se hacía la boca agua esperando que madurasen las brevas, contemplando el dorado de los melones, el tímido sonrojo de los tomates o el descarado envero de las uvas, tan abundantes que muchas de ellas terminarían colgadas de los palos del techo o en los alacranes de las bóvedas. Aquellos primero racimos, aquel estallido de las granadas, aquellas nueces y castañas, la carne recia de las zamboas... se disfrutaban con la intensidad efímera del deseo acariciado durante todo un año.


Estoy convencido, completamente seguro, de que fueron las conservas las que jubilaron a las cuatro estaciones de Vivaldi, para que pudiese nevar en agosto, porque, por entonces, ni siquiera había cambio climático.


Las cápsulas de hojalata y los arcones frigoríficos y las grandes cadenas de distribución posibilitaron hacer gazpacho en enero, comer uvas en marzo y celebrar los tosantos -con nueces, higos pasaos, membrillos y alguna granada- en abril.


Las conservas fueron la riada que se llevó por delante el calendario de los sabores. Al ver las conservas de ahora, con sus latas abrefácil en formato individual -tres sardinas, tres, sin cabeza y con la del medio de los Chichos acostada con los pies para arriba-, uno ya no está seguro de que su madre le mandase a 'ca Contador', tío-abuelo del ciclista, a por la mitad del cuarto de escabeche.


¿De verdad, vendía escabeche Contador? Y el escabeche que vendía Contador en su hermoso comercio de la calle San Juanes, de Barcarrota, ¿de qué era? Recuerdo trozos lustrosos, con espinas casi disueltas en el caldo, ¿pero de qué?

 

Poco importa. El ingrediente principal de aquella conserva no eran las tajadas, sino el escabeche.


No pasaba lo mismo con el tomate, que llegaba a la tienda de Contador en latas de cinco kilos. Aquel tomate no sólo no estaba escabechado, sino que tenía nombre. Se llamaba Tomate. Hasta tenía apellido con ínfulas: De Pera. Ahí es nada. ¡De Pera! Con el Tomate de Pera y el escabeche se preparaban unas cenas que yo aún me relamo...


Lo que ya no pongo en pie es si Pepe Contador utilizaba las mismas pinzas articuladas, de plástico, cuchara por abajo y tenedor por arriba, para poner en la balanza tanto el escabeche como el Tomate de Pera.

 

Eso sí, a la tienda había que llevar un plato, para que Contador, o su esposa o su hija mayor, te sirvieran la mitad del cuarto o el cuarto y mitad; la vida no daba para más. Pepe siempre completaba el peso con una cucharadita adicional de caldo. Daba lo mismo que fuese de escabeche o fuera de tomate. Ese pocillo de sabor era su firma.


viernes, 30 de junio de 2017


En Almendralejo tuestan el pan



José Joaquín Rodríguez Lara


Almendralejo se ganó el título de ‘ciudad del cava’ y lo pregona con orgullo, coronando con acero calado varias de sus rotondas. Es una pasión tribal, pero legítima, pues ‘la ciudad de la cordialidad’ se encaramó a pulso al trono de los cavas y eso –innovar, crecer, conquistar mercados y disfrutar reinados- tiene mucho mérito si ocurre en Extremadura.

Pero igual de legítimo sería que Almendralejo presumiera de ser ‘el pueblo (vulgo ciudad) de las tostás’. (Vulgo tostadas.) Otro título que el municipio también se gana a pulso cada día. Y es que en el ‘reino del vino’, en la ‘capital de Tierra de Barros’, en el ‘paraíso de los melonares’, en la ‘ciudad del cava’, en la ‘capital de las tostás’ hay tostadas para desayunar cien veces cada día. Sin repetir el menú.

Pocas ciudades pueden ganarle a Almendralejo en la variedad, cantidad y calidad de sus tostás. Hay restaurantes de tronío con cartas menos extensas que el repertorio de tostás que ofrecen algunos establecimientos de esta localidad extremeña.

Y no es un bar o dos, ni en esta o en aquella cafetería. Ocurre en muchos establecimientos. Y no sólo en una o dos calles sorprendentemente desalineadas. En todo el casco urbano y hasta en el extrarradio, allí donde las aceras se amartelan con las viñas en una lujuria de pámpanos.

Están las tostás típicas extremeñas, de cachuela, caldillo o pringue colorá, que todo viene a ser lo mismo. Pero pides una y te pregunta la camarera si la quieres molida, como paté, o con el hígado trozeado. “A mí tráigamela con cachos”. Y te traen una tostá redonda que sabe a gloria y huele a chimenea de pueblo. Esto ocurre en el Alberti. Claro que, enfrente, al otro lado de la carretera de Aceuchal, está el bar del restaurante Los González, en el que hay tal variedad de tostás que te puedes morir de hambre dudando con cual de ellas saciarás hoy tu apetito.

En los González las tostás se hacen con libritas, que es el pan de toda la vida, afirma muy serio el más que eficiente camarero, con la insobornable seguridad de quien cree que el mundo entero es un barrio de Almendralejo.

La librita es un pan redondo al que se le puede poner encima casi de todo. Incluso cachuela con cachos de hígado. La tostá con pan de librita más famosa y más demandada en Los González es la Bechamel. Está buenísima, pero no puedo asegurar que sepa mejor que las demás, pues a dos libritas por día con sus correspondientes cafés, aún me quedan muchos desayunos para hablar con suficiente conocimiento de causa sobre la carta de tostás de Los González, de el Alberti, de La Tacita y de todos los bares tostaeros que hay en Almendralejo. Todavía ni siquiera he tenido tiempo de entrar en El Abuelo.

 

En algún caso ni siquiera hay que entrar, pues es el bar el que sale a la calle colocando en las aceras fotografías de sus tostás, como si fuesen pizzas en librita o platos combinados. Es su bandera. La enseña de los puestos fijos-discontinuos en los que venden sandías coloradas y melonas amarillas es la roja y gualda, la de España.


Bechamel, una tostá que despierta pasiones. (Imagen robada de Internet.)

Otra cosa me ha llamado la atención de los pocos bares de Almendralejo en los que he podido desayunar hasta ahora: tuestan el pan. ¡Como lo está leyendo! ¡¡¡Lo tuestan!!! No lo queman. No hay que rasparlo para eliminar lo negro, esos ribetes carbonizados que, en unos segundos, pasan de apetitoso alimento a detonante cancerígeno. En el ‘pueblo de las tostas’ tratan al pan con mimo, en vez de abandonarlo en el fuego y no acordarse de él hasta que ya está a punto de incendiar el infierno. Se ve que en la ‘capital de las tostás’ saben tostar el pan. Y un pan correctamente tostado, sea librita, mollete, rebanada o lo que fuere, es la base de cualquier buena tostá. (Vulgo, tostada).


miércoles, 17 de mayo de 2017

Vara y su lobby feroz


José Joaquín Rodríguez Lara


Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, ha reiterado su intención de constituir un 'lobby' (un grupo de presión) para que apoye intereses extremeños sobre el ferrocarril y otras vergüenzas patrias. Lo ha dicho en Cáceres, el día 17 de mayo, y ya había dicho lo mismo en Portugal a finales de noviembre del año 2016.

Sendas declaraciones me reafirman en mi creencia de que el mero anuncio de medidas políticas no tiene el porqué causar, por sí mismo, los efectos que se pretenden conseguir. Salvo que lo que se pretenda sea una perfumada lluvia de titulares informativos. 

Me llama la atención que el presidente extremeño anuncie a bombo y platillo, siempre en actos de alta repercusión mediática, la 'constitución' de un 'lobby extremeño'. Los 'lobbies' no son instituciones ni entidades ni tienen personalidad jurídica propia, así que no se 'constituyen'. Los 'lobbies' son grupos de presión que funcionan o no. Si no funcionan, no existen. Y, cuando actúan, lo hacen con tanta firmeza como discreción. El hecho de anunciar su 'constitución', como ha hecho Vara, les aporta ruido y les resta eficacia.

Sorprende que el presidente Vara haya tardado tanto tiempo en darse cuenta de que hay que tener amigos hasta para presionar. El expresidente Ibarra tenía a Guerra, aunque tampoco le daba mucho fruto, y Vara podría tener a ¿Susana?, ¿a Patxi?, ¿a Pedro?... Ante la duda, ha decidido buscar el apoyo de altos ejecutivos de empresas. Extremeños que triunfan, fuera de Extremadura, claro, y que van a tratar a Vara con su propia medicina: ni un no, ni una mala palabra, ni un mal gesto, pero poco, muy poco, casi ningún fruto.

Las personas que integren el pretendido 'lobby' de Vara, apoyaran los intereses extremeños cuando no vayan en contra de sus propios intereses y de los de sus empresas. Vamos, que para semejante viaje no hace falta constituir nada. Basta con una llamada telefónica.

Pero con todo, lo que más sorprende es que Vara anuncie su deseo de constituir un 'lobby' para defender los intereses de Extremadura y se olvide del grupo de presión que los extremeños constituimos en las últimas elecciones generales, en junio de 2016, en las que le dimos al PSOE cuatro hermosos escaños, cuatro, cada uno ocupado por un lobo o una loba parlamentaria.

¿Está más obligado a defender los intereses extremeños el director del diario deportivo Marca, por ser natural de Don Benito, que las dos diputadas y los dos diputados extremeños del PSOE? ¿Tiene más poder 'de presión' el alto ejecutivo de una empresa con sede en Madrid que un diputado socialista en un Congreso gobernado por una derecha sin mayoría absoluta? ¿O es que los parlamentarios extremeños del PSOE se esfuerzan en defender sus intereses, en primer lugar, después los de su partido y facción, luego el de sus electores y, por último, si cabe, apoyan los intereses de la ciudadanía extremeña en general?

Tal vez crea usted que cuatro diputados, cuatro, los cuatro extremeños y del PSOE, dan para poca leche. Pero fíjese usted como ordeña a Rajoy, y por ende a casi todos los españoles, un diputado, sólo uno, que representa a Canarias y que, para más asombro, llegó al escaño en las listas del PSOE. 

Este diputado canario, natural de Caracas para más señas, sí que es un 'lobby' feroz mamando de los Presupuestos Generales del Estado. Como se lo proponga, llevará el AVE hasta las islas Canarias.