domingo, 14 de enero de 2018

Las amas de casa de la política


José Joaquín Rodríguez Lara


Más de 1.140 años de historia (al menos 1.142), centenares de regidores, desde el fundador, Ibn Marwan, hasta Francisco Javier Fragoso, alcalde en vigor, y no hay constancia documental de que la Ciudad de Badajoz haya sido gobernada jamás por una mujer.


Al menos con todas las de la ley.


Mandato tras mandato, con los musulmanes, con los cristianos, con la monarquía, con la república, con los franceses, con los británicos, con la UCD, con el PSOE, con el PP, al frente de los destinos de Badajoz, que se sepa, siempre ha estado un hombre. Así que ya va tocando que a la ciudad más importante de Extremadura la gobierne una mujer.


A Badajoz le conviene tener una alcaldesa. La necesita. Badajoz tiene una deuda histórica con las mujeres. En esto va de la mano con Mérida y otros municipios de menor cuantía poblacional.


Cáceres, la segunda ciudad más importante de Extremadura, ya ha tenido alcaldesas del PSOE y del PP. Madrid y Barcelona, las ciudades más populosas de España, tienen al frente de sus respectivas corporaciones municipales a sendas mujeres. La Delegación del Gobierno de Extremadura está dirigida por una mujer; y también lo estuvo en el pasado por, al menos, dos más.


¿Por qué razón Badajoz nunca ha tenido una mujer al frente de su Alcaldía?


¿Gobernar Badajoz sólo es cosa de hombres?


En números redondos, Badajoz tiene 150.000 habitantes, ¿no habrá entre sus 77.540 mujeres una lo suficientemente inteligente, sensata, imaginativa, preparada, valiente, generosa, experimentada, con cierto carisma y algo visionaria para empuñar la vara del Gobierno local? Si en Badajoz hay bastantes más mujeres que hombres (73.003 varones, según el INE), ¿por qué en la Alcaldía sólo ha habido hombres hasta ahora?


Seguramente a estas alturas del artículo ya se habrá hecho usted la gran pregunta: ¿qué le aportaría a Badajoz el tener una alcaldesa? La respuesta no puede ser más sencilla: ¿qué le ha aportado el tener sólo alcaldes? ¿Tienen las mujeres menos derecho que los hombres a presidir la Corporación pacense?


O tal vez sospeche usted que detrás de este artículo hay un intento de promover una moción de censura contra el alcalde Francisco Javier Fragoso.


Nada más lejos de la realidad. Fragoso será alcalde mientras él tenga fuerzas y ganas, su partido no le encomiende más altas responsabilidades y, sobre todo, el electorado le apoye.


Pero llegará un momento en el que Francisco Javier Fragoso dejará de ser el candidato a la Alcaldía de Badajoz, ¿el PP debería seguir apostando entonces sólo por aspirantes masculinos?


No hay en el Partido Popular mujeres capacitadas para ser alcaldesas de Badajoz. Beatriz Villalba, María Paz Luján, María José Solana, Paloma Morcillo o María del Rosario Gómez, por citar sólo a las cinco primeras de la última candidatura electoral, gobernarían peor que Fragoso?


María Isabel García, María del Carmen Núñez, Rita Ortega, Sara Durán y Monserrat Rincón, todas integrantes de la candidatura del PSOE, ¿tienen menos derecho a aspirar a la vara de mando que Ricardo Cabezas, que encabezó la candidatura socialista?


Y lo mismo puede decirse de Amparo Hernández, María Fátima Robledo, Cristina González, Rosa Julia Infante y María Teresa Muñoz, de Recuperar Badajoz, así como de Julia Timón,  que sigue en primera línea de fuego, y de María Jesús Fernandez, Ruth María Mateos, María del Carmen Tabares y Esperanza Romero, que aunque dieron un paso lateral, todas ellas ocuparon lugares de privilegio en la papeleta de Ciudadanos, por citar sólo a las fuerzas políticas que tienen presencia en la Corporación de Badajoz.


Que la primera ciudad de Extremadura tuviese una alcaldesa contribuiría mucho más a normalizar la presencia de la mujer en la política local, y en los centros pacenses del poder, que la mera elaboración de candidaturas electorales más o menos paritarias, en las que la población femenina está, pero con un perfil bajo, en papeles secundarios.


Si hubo mujeres y hay una mujer al frente de la Delegación del Gobierno, si una mujer preside la Asamblea de Extremadura, si Cáceres y otros municipios tienen alcaldesas, ¿por qué Badajoz nunca la tuvo?

Cierto es que la Junta de Extremadura tampoco ha tenido jamás presidenta, pero eso cambiará tan pronto como Vara (PSOE), Monago (PP) y Jaén (Podemos) asuman que facilitar el acceso de la mujer a todas las instancias del poder político debe empezar por ellos mismos, cediendo a mujeres sus puestos al frente de las candidaturas a la Asamblea de Extremadura. 


Ciudadanos ya lo hizo en las últimas elecciones autonómicas con María Victoria Domínguez.


En España ha habido reinas de cuna, reinas regentes y reinas de altar, pero nunca hubo una, al menos una, presidenta del Gobierno. 


Para ver una mujer al frente de un gobierno estatal hay que cruzar los Pirineos. 


Por ahora no hemos pasado de tener vicepresidentas del Ejecutivo y, eso sí, presidentas del Congreso.


Es como si las vicepresidencias y las presidencias de las cámaras legislativas fuesen, por su propia naturaleza, cargos reservados para la mujer.


Hasta que no se generalice la presencia de la mujer al frente de los gabinetes de gobierno, hay presidentas y vicepresidentas que no dejarán de parecer las amas de casa de la política, pastoreando al rebaño mientras los hombres toman las decisiones.


Y aunque ser ama de casa es una ocupación muy digna, además de sacrificada, no es conveniente que lo parezcan, pues esa imagen sitúa a la mujer política un escalón por debajo del hombre político.


martes, 9 de enero de 2018


Extremadura pierde un pueblo cada año


José Joaquín Rodríguez Lara




Extremadura pierde cada año a unos dos mil jóvenes. Emigran. Se marchan. Dos mil personas que están en la flor de la vida, con edades que van desde los 25 a los 35 años. Un segmento poblacional con mucho peso en la economía, tanto en la vertiente del consumo –compra de coche, instalación en una vivienda distinta al domicilio familiar, los primeros hijos…- como en la faceta de la producción: acceso a un empleo, inicio de un negocio, etcétera.


No son los únicos extremeños que se marchan de su tierra, pero sí es el colectivo más importante.
Cada año, Extremadura pierde un pueblo. Y un pueblo grande, de dos mil habitantes jóvenes, en plena edad de procrear y, por lo tanto, de conseguir que aumente la población.


La sangría migratoria del siglo pasado dejó a la región extremeña instalada en el millón cien mil habitantes. La hemorragia migratoria de este siglo está poniendo sus pueblos en venta. Si recorre usted los núcleos rurales de la región, en muchas calles encontrará el letrero de ‘se vende’ colocado sobre la fachada de alguna casa.


Y lo malo no es que los pueblos extremeños estén en venta; lo auténticamente terrible es que nadie los compra. Si se vendiesen, alguien ocuparía las viejas casas, con sus chimeneas, doblaos (desvanes), patios y corrales. Nadie las compra, nadie las restaura, nadie las ocupa y llegará el momento en el que nadie quedará en muchos pueblos de Extremadura.


La población extemeña se mueve, y se mueve mucho. Se mueve en todas las direcciones menos en la deseada. No crece, pero se contrae. Implosiona. Y, además, abandona sus raíces en busca de horizontes que, desde el punto de vista económico, no les sean tan desfavorables.


Por un lado emigra, con lo que hemos pasado del millón cien mil a un millón y menos de ochenta mil habitantes. Concretamente 1.079.920 personas empadronadas, según los últimos datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística.


Pero es que la población que no emigra, tampoco se queda en su lugar de origen. Desde hace años se está produciendo un fenómeno que concentra a los habitantes de Extremadura en tres ejes o líneas que se entrecruzan en una especie de parrilla.


El primer eje, Este-Oeste, el más vigoroso, es el que sigue el curso del Guadiana. Desde las Vegas Altas hasta las Vegas Bajas. Badajoz-Mérida-Don Benito-Villanueva de la Serena, por el volumen de sus respectivos padrones de habitantes. En esta zona está aumentando la población por la afluencia de personas que antes vivían en los pueblos de Extremadura.


La ciudad de Badajoz y sus poblados se ‘tragan’ cada año a un pueblo extremeño de entre 500 y 1.500 habitantes.


El segundo eje, Norte-Sur, se ajusta a la Vía de la Plata, en la que hay poblaciones que, sin bien no crecen de modo notable, sí ganan población, en puntos como Cáceres y Almendralejo, o prácticamente la mantienen, como ocurre en Villafranca de los Barros.


Por último está la línea del Norte, Coria–Plasencia, en la que la población desciende de forma no muy pronunciada.


El resto del territorio extremeño tiende, en general, a la desertización poblacional.


En Extremadura hay pueblos, como Alía, Capilla, Toril y otros, con términos municipales en los que la densidad poblacional no llega a los dos habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en otros, como Calamonte, en el eje del Guadiana, la densidad es de casi 800 habitantes. La densidad media en el conjunto de Extremadura es de 26 habitantes por kilómetro cuadrado.


Curiosamente, en Extremadura hay ciudades, como Badajoz, en las que el aumento de la población va acompañado de un vaciado empresarial.


Badajoz ha sido y será siempre una ciudad de servicios y, entre los servicios que tradicionalmente han prosperado en la ciudad pacense está el comercio. En el casco histórico de la ciudad han existido siempre calles muy comerciales, llenas de negocios al frente de los cuales se han mantenido generaciones de la misma familia. Últimamente, cada vez se ven más locales vacíos en las calles de la capital pacense.


El comercio dejó la zona de la Plaza Alta, desapareció el mercado de abastos, bajó por la calle de San Juan, se instaló en la calle Menacho, en Santa Marina y en la zona de El Corte Inglés, saltó la autovía para asentarse en la carretera de Valverde de Leganés y en la barriada de Valdepasillas y, deslumbrado por la luz del faro, se ha traslado hasta la frontera de Caya, donde la clientela portuguesa se encuentra con la pacense y la procedente de otras localidades extremeñas, mientras los antiguos comercios urbanos miran con tristeza infinita a través de sus escaparates mustios o ya completamente secos y polvorientos.


Badajoz, que nació en el Cerro de la Muela y que, durante siglos, basó su razón de ser en su condición de fortín construido para defender la frontera, corre hacia el desguarnecido llano fronterizo a una velocidad inusitada.


Ya veremos como afecta a los hábitos ciudadanos, y a los de las visitas, la construcción y puesta en funcionamiento de la Plataforma Logística del Suroeste Ibérico.


Lo mismo habría que empezar a plantearse el traslado del Ayuntamiento pacense a las naves de IFEBA, para situarlo en el núcleo germinativo de la eurociudad Badajoz-Elvas.

(Décimotercer artículo escrito para extremadura7dias.com,
publicado el 8 de enero del año 2018.)


domingo, 7 de enero de 2018


La lista del paro habla de emigración



José Joaquín Rodríguez Lara


La lista del paro se ha reducido en 9.751 personas en Extremadura durante el año que acaba de terminar.


Por el contrario, la lista de personas afiliadas a la Seguridad Social, como cotizantes, ha aumentado en 9.295 durante el mismo periodo.


Son dos cifras muy parecidas, pero no son idénticas. Entre ellas hay una diferencia de casi medio millar de personas. Concretamente, 456.


Es decir que, en teoría, en Extremadura, en el año 2017, el desempleo ha bajado más que ha subido el empleo.


¿Cuál de las dos cifras dice la verdad? Las dos. Las dos son fidedignas. A las dos hay que atribuirle autenticidad.


Pero una es más fiable que la otra. La cifra del paro, tan manoseada por políticos y sindicatos, fundamentalmente, nos informa sobre el número de personas, en edad de trabajar, que se han apuntado en las oficinas de empleo para dejar constancia de su deseo de encontrar un trabajo.


La cifra de afiliación a la Seguridad Social, a la que se suele hacer mucha menos referencia pública, indica el número de personas que están cotizando y, se supone, que también trabajando, pues nadie se suele afiliar a la Seguridad Social si no tiene un empleo.


La cifra de afiliación es mucho más precisa, por lo tanto, sobre la evolución del desempleo, que la cifra del paro.


Para dejar de ser un demandante de empleo, es decir lo que comúnmente se denomina un parado, basta con dejar de figurar en las listas de las oficinas de empleo.


Quien, por olvido, error o cualquier otro motivo, no renueva su demanda de trabajo pasa automáticamente de estar en paro a ‘tener un empleo’.


Si, estando en la lista del paro, te toca la lotería y decides que ya no necesitas trabajar ni renovar tu demanda de trabajo, inmediatamente empiezas a ser considerado una persona con empleo.


¿Qué ha podido pasar con las 456 personas extremeñas que han dejado de estar en paro pero tampoco trabajan? Multitud de cosas.


Que, desesperadas por la falta de oportunidades hayan emigrado y ahora figuren, como empleadas o paradas, en otra región o incluso en otro país. Que se hayan olvidado o estén hartas de ‘renovar el paro’. Incluso es posible que algunas hayan fallecido y no se les haya dado todavía de baja en la lista de demandantes de empleo.


Desde luego, la lotería ha debido de tocarles a muy pocas. Si es que a alguna le ha tocado lo suficiente para dejar de necesitar un empleo.


 (Duodécimo artículo escrito para extremadura7dias.com,


publicado el 3 de enero del año 2018.)




sábado, 6 de enero de 2018

¿Está emergiendo el centro?

José Joaquín Rodríguez Lara


Pudiera. Pudiera ser que el centro sociopolítico español estuviese emergiendo desde el hondón de la fosas Marianas, el lugar mas profundo de la corteza terrestre, a más de once kilómetros bajo la superficie del mar, en el océano Pacífico.


Y, si así fuere, es más probable que imposible que el centro emerja por las mismas razones que lo hizo en la década de lo años 70 del siglo pasado, tras la muerte de Franco, con el inicio de la transición política.


Libertad, amnistía y estatuto de autonomía era la consigna más propagada durante aquellos años en las calles de España. Esa fue una de las banderas más tremoladas por la izquierda durante la primera etapa de la transición.


Pero lo que realmente quería la mayor parte de la población española era democracia. Una democracia que, tras cuarenta años de dictadura, permitiera a España dejar de ser el garbanzo negro de Europa y de todo el mundo occidental. Portugal, tan cerca, tan libre, ya disfrutaba de ella.


La democracia exigía, y exige, disponer de opciones políticas de centro. Vivir en democracia no consiste sólo en poder votar; resulta indispensable, además, que realmente se pueda elegir entre diferentes partidos políticos, porque los haya y porque, al menos dos, tengan el vigor necesario para ganar y gobernar.


En la España de aquel tiempo estaban muy fuertes los radicalismos, tanto de derechas como de izquierda. Pero no inspiraban confianza. La gran mayoría de los españoles los temían. Por eso surgió y gano el centro, amalgamado en torno a una fuerza política, Unión de Centro Democrático (UCD), en la que había desde políticos procedentes del ‘partido’ de Franco, el llamado ‘Movimiento Nacional’, quintaesencia del inmovilismo, hasta democristianos y socialdemócratas madurados en las barricas de la teocracia y de la tecnocracia.


La UCD no fue nunca un verdadero partido. Era un conglomerado de egos, de intenciones más o menos buenas y de recetas más o menos acertadas. Todo ello empaquetado, eso sí, en una idea de España, unida, monárquica y democrática.


Adolfo Suárez, cabeza de cartel de aquel conglomerado naranja y verde, gustaba en La Zarzuela y también despertaba simpatías en las calles y en las plazas de abasto. Aunque vino a Badajoz y un significado militante del PSOE no sólo le agredió físicamente en una céntrica calle, sino que, inmediatamente y muy ufano, llamó por teléfono a Alfonso Guerra para contárselo. Me lo confesó él mismo.


Ciudadanos es, actualmente, la fuerza política más parecida a aquella UCD. El partido naranja surge, también, como una reacción contra los radicalismos, y se configura, en torno a un líder, Albert Rivera, como un heterogéneo conglomerado de egos y de soluciones más o menos milagreras. Aunque Rivera gasta poca pólvora en fuegos de artificio y parece tener menos enemigos en casa de los que Suárez tuvo en la UCD, no debería confiarse. Llega un momento en el que casi todo el mundo quiere ser califa en lugar del califa.


Los resultados de las elecciones catalanas jamás serán una calicata fiable para tomarle el pulso al electorado español, pero la victoria de Ciudadanos en unos comicios tan difíciles para el partido de Rivera y de Inés Arrimadas como los últimos de Cataluña, así como el pálpito que dan las encuestas parecen indicar que pudiera ser que el centro sociopolítico estuviese emergiendo de nuevo en España después de que, hace casi cuarenta años, se hundiese en las fosas Marianas torpedeado desde dentro.


Salvo a quienes temen perder cuotas de notoriedad y de poder, a nadie parece preocuparle que el centro vuelva a flotar por encima de las demás opciones electorales. Al contrario de lo que ocurre con otras siglas, las de Ciudadanos no asustan.

 

Albert Rivera cae bien en las alturas y no es mal visto a nivel de la calle. Así que no sólo no es improbable, sino que pudiera ser que pudiera.




(Undécimo artículo escrito para extremadura7dias.com,
publicado el 2 de enero del año 2018.)


viernes, 5 de enero de 2018

Diana Quer, Manuela Chavero y Franscisca Cadenas


José Joaquín Rodríguez Lara


Lo establece la normativa judicial, pero no es fácil admitir que un juez archive, aunque sólo sea de forma provisional, el caso de tu hija, de tu hermana, de tu amiga o de tu vecina cuando sólo han pasado ocho meses de su desaparición, y que lo haga, simplemente, por no haber avances en la investigación.


La angustia y el dolor de los familiares no es archivable; ni provisional ni tampoco definitivamente; la preocupación del vecindario no desaparece con el sobreseimiento. La atención judicial para esclarecer un delito tan grave como es la desaparición de una joven, o cualquier otro ataque al derecho a la vida de las personas, no debería archivarse, ni siquiera provisionalmente, por el mero hecho de que la investigación esté en un callejón sin salida.


El juez no investiga, pero es uno de los motores de la investigación. Incluso más, es la autoridad máxima en la investigación de cualquier delito. El motor tendría que funcionar a la máxima potencia, sin sobreseimientos, mientras que no se aclare el delito, se detenga a su autor o autores y se les juzgue.


El archivo de una causa judicial por un delito aún no aclarado, no sólo no tranquiliza, sino que alarma, porque confirma que sus autores siguen libres y pueden volver a delinquir.


Menos mal que hay unidades y agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado que no archivan las causas abiertas y siguen investigando, aunque pasen los meses y hasta los años.


Es lo que ha ocurrido con la desaparición de la joven Diana Quer. La Guardia Civil no había archivado el caso. Tenía un retrato robot del autor o de los autores bastante perfilado –persona con atecedentes por delitos sexuales, residente en Galicia, muy buena conocedora de la zona en la que se produjo la desaparición…- y la realidad lo ha confirmado.


El autor confeso de la desaparición y muerte de Diana Quer tiene antecedentes por violencia sexual, reside en Galicia y conoce muy bien la zona. Además, tiene un automóvil que fue filmado por las cámaras de seguridad en el área de los hechos la noche que despareció Diana Quer.


Seguramente impulsado por su depravación, el hasta hora mero sospechoso ha intentado repetir la fechoría con otra mujer. Esta vez no lo ha conseguido, pero los agentes de la Guardia Civil se han dado cuenta inmediatamente de las coincidencias en el modus operandi de ambos delitos y ha resuelto el enigma en muy pocas horas tras su detención.


Los agentes han cumplido con su obligación, para eso les pagamos, pero hay que felicitarles. Han resuelto un caso muy difícil.


La brillantez de la operación que ha llevado a cabo la Guardia Civil en Galicia renueva las esperanzas de que se resuelvan en Extremadura dos casos que tienen cierta semejanza, entre sí y con el de la joven Diana: las desapariciones de Manuela Chavero, en Monesterio (Badajoz), la noche del 4 de julio del año 2016; y la desaparición de Franscisca Cadenas, en Hornachos, también en Badajoz, la noche del 9 de mayo del año 2017.


Tras meses o años de búsqueda, resulta desgarrador hallar el cadáver de un ser querido al que un delincuente le arrancó la vida, pero mucho más destructivo puede llegar a ser que pasen los días y los meses y los años sin hallar el cuerpo de esa persona, a la que ya se supone fallecida, para darle digna sepultura.


Entre lo que sabemos sobre el paradero de Diana Quer y lo que nos han engañado sobre el de la joven andaluza Marta del Castillo, desaparecida en Sevilla el 24 de enero del 2009, hace nueve años, hay que quedarse siempre con Diana.

Muchas gracias, señores agentes de la Guardia Civil de Galicia. Un millón de gracias, desde Extremadura.


(Décimo artículo escrito para extremadura7dias.com,
publicado el 31 de diciembre del año 2017.)

lunes, 1 de enero de 2018

La piel de Cristina Pedroche


José Joaquín Rodríguez Lara


Insultan a Cristina Pedroche, por menospreciar a las mujeres, cuando da las doce uvas con un vestido prácticamente transparente.


No puedo hablar del vestido ni de la actuación de la artista porque no la vi, pero, tras leer lo que se ha escrito sobre ella, empiezo a pensar que, si hay algo pernicioso para la mujer, y para la sociedad en general, en los vestidos de Pedroche, la culpable no es la chica de Vallecas, sino la audiencia que asiste cada año a su espectáculo en Antena 3, consiguiendo que los anuncios afluyan a esa cadena televisiva, que le paga miles de euros a Pedroche por trabajar unos minutos medio desnuda.


Hay que suponer que quienes la critican, y hasta la insultan, la habrán visto dar las campanadas y no la insultarán de oídas, lo que sería el colmo de la desfachatez.


Cristina Pedroche, que se considera muy feminista y muy de izquierdas, y que es muy de Pedroche, de su familia y de sus amistades, seguirá poniendo el palmito, y la mano, mientras que continúen pagándole cifras astronómicas por enseñar, durante unos minutos, en televisión, menos piel de la que muestra cada verano en la playa sin que le paguen ni la critiquen.


Así que menos insultar a Cristina Transparencias Pedroche y más prestar atención a Ramontxu, que, en otra cadena, también da las uvas empaquetado en una capa por la que no pasa el tiempo, fíjese.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Vara y sus asesinos

José Joaquín Rodríguez Lara


La violencia machista es una tragedia, un gravísimo problema contra el que aún no se ha encontrado un remedio eficaz.


Todo lo contrario. En ocasiones se ponen en circulación consignas bienintencionadas que no sólo no terminan con esta lacra social, sino que la tergiversan y la desvirtúan convirtiendo la tragedia en un sainete.


Cuando se dice “si te controla la ropa no te quiere”, ¿se está alertando a las y a los (supongo) adolescentes de que detrás de cualquier estilista puede haber una persona maltratadora?


¿No es una simpleza, por no emplear un término de más grueso calibre, vincular la preocupación por el atuendo de la pareja con el maltrato?


Las mujeres empiezan a controlar la ropa de sus hijos incluso antes de llegar a ser madres. Desde el momento que tienen el resultado de la primera ecografía. ¡Es niña! Pues lacitos y patucos rosas. ¿El hecho de que le controlen la ropa anuncia, sin remedio posible, que las madres no querrán a sus bebés?


Y el control se prolonga durante año. A veces, durante toda la vida. Cuando todavía existía el servicio militar, las madres aprovechaban el primer permiso de los soldados para arreglarles la ropa militar. ¡Qué mujeres más desalmadas eran aquellas, controlándoles los uniformes a los ejércitos para demostrarles a sus hijos que no los querían!


¿Y acaso no hay esposas, compañeras y novias que le dicen, un día sí y otro también, a sus maridos, compañeros y novios no te pongas esa camisa, anda y ponte este jersey? ¿Hay un tufo de maltrato en ese control cotidiano?


Me parece a mí que el origen de la violencia en la pareja es mucho más profundo de lo que puede atisbarse por el simple control de la ropa, y que considerar el control del armario como una alerta contra la violencia machista es una ridiculez, aunque a alguien pueda parecerle una evidencia sublime. Ya se sabe que la línea que separa lo ridículo de lo sublime es finísima.


Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, ha vuelto a ponerlo de manifiesto al decir que los hombres matan a las mujeres simplemente porque son mujeres, y que para terminar con este gravísimo problema, los hombres tienen que cambiar de mentalidad.


Vayamos, por partes, señor presidente. Ni los hombres pueden evitar nacer hombres ni las mujeres pueden evitar nacer mujeres. Pero eso no significa que todos los hombres sean asesinos y que todas las mujeres sean víctimas. Si así fuera, la especie humana ya habría desaparecido de la faz de la tierra.


No creo yo que la matrona o el comadrón que atendió a su señora madre cuando usted nació le dijera. “Enhorabuena, ha tenido usted un asesino de mujeres”.


El origen y la persistencia de la violencia machista no es tan simple, ni tampoco tiene una solución tan sencilla como la que usted plantea en su discurso de fin de año.


Los hombres no matan a las mujeres por ser mujeres, como quien extermina alimañas. En primer lugar, porque no todos los hombres son asesinos. En segundo lugar, porque hay hombres que matan a otros hombres. Y en tercer lugar, porque también hay mujeres que matan a los hombres y hasta a otras mujeres.


El asunto es demasiado complejo para reducirlo a esa ocurrencia de que los hombres matan a las mujeres por ser mujeres y que todo se solucionaría con un cambio masculino de mentalidad.


No es verdad, señor presidente, y la persona que incluyó en su discurso de fin de año esa exposición simplista del gravísimo problema de la violencia machista debería saberlo.


Hay hombres que, precisamente por serlo, no tienen que cambiar de mentalidad, porque no son asesinos de mujeres. Ni las matan ni las ofenden ni las desprecian. Porque son y se sienten hombres, y no bestias irracionales.Tal vez usted no conozca a ninguno, pero le aseguro que los hay.


Y hay hombres que, a pesar de haber sido educados en una sociedad machista, luchan contra los clichés acuñados durante siglos y tratan a las mujeres como iguales. Como compañeras en todos los órdenes de la vida. Lamento que la ausencia de personas de este talante a su alrededor le haya hecho caer en el error de llamarnos asesinos de mujeres a todos los hombres, aunque sólo sea asesinos en potencia.


Puedo asegurarle que la lacra, la tragedia, la vergüenza del machismo no se erradicará tratando de emborronar los viejos tópicos con nuevas trivialidades.


El machismo y la violencia que, en ocasiones concretas, genera se debe combatir propiciando que la mujer sea protagonista del devenir de la sociedad al mismo nivel que el hombre. Ni más ni menos.

 

Nadie debería tener privilegios por ser hombre, ni tampoco por ser mujer. El ‘mujeres gratis’, genera machismo, pues se las usa como cebo para atraer al público masculino, por ejemplo. Las sentencias de divorcio manifiestamente desequilibradas acentúan el resentimiento y pueden generar violencia.


En una sociedad habitada por personas con los mismos derechos y las mismas obligaciones, independientemente de cual sea su sexo y su inclinación sexual, seguro que habría menos sexismo y mucha menos violencia intersexual.

Mi impresión, disculpe que se lo diga, señor presidente, es que usted no contribuye a la extensión de esa igualdad con su discurso de fin de año. Es un evidente borrón en su libreto hacia la paridad.