martes, 27 de septiembre de 2016


¡QUÉ LUGARES!

José Joaquín Rodríguez Lara

Me gustan los bares con cocina.
No me gustan los bares en cuya cocina no se cocina.


Me gustan los bares con tapas variadas.
No me gustan los bares cuyas tapas varían de presentación, textura y hasta de sabor dependiendo de quien esté ese día en la cocina.


Me gustan los bares en los que las tapas tienen sabor,
textura y hasta formas propias.
No me gustan los bares cuyas tapas tienen el sabor, la textura y hasta la forma de la lata o del bote del que acaban de sacarlas antes de pasarlas por el microondas.


Y de la cerveza hablamos cualquier otro día.


viernes, 23 de septiembre de 2016

- Al periodismo español cada día le interesa menos la certeza
y le atrae más echarse en los brazos del acertijo.
 Se desentiende de lo que pasa y juega a profetizar lo que pasará.



martes, 20 de septiembre de 2016

Un bocadillo de calamares


José Joaquín Rodríguez Lara

He pedido un bocadillo de calamares y me han puesto la cena y el desayuno entre dos medios panes con guarnición de patatas chips, que como usted sabe son las patatas fritas de bolsa de toda la vida.

 

Primero la camarera y después el camarero me han preguntado si quería añadirle al bocadillo un poco de mayonesa, pero he rechazado sus amables ofrecimientos. No quería manchar las anillas nacaradas, suavemente rebozadas y recién fritas, con salsas innecesarias.

 

No digo yo que sea el mejor bocadillo de calamares que me he comido en mi vida, pero sí que lo he saboreado a conciencia, como pocas veces. No disfrutaba tanto de un bocadillo de calamares desde aquellos días, ya lejanos, en los que estudiaba en Madrid y, para matar el hambre y descansar un poco de los libros, bajaba a la calle, entraba en la Plaza Mayor y pedía un bocadillo de calamares a través del ventanuco de un bar que estaba, e imagino que seguirá estando, en la puerta más cercana al mercado de San Miguel.

 

Aquellos bocadillos grasientos, en los que no había anillas, sino trocitos de rabas, me costaban un duro, cinco pesetas; al cambio, unos tres céntimos de euro. Por el de hoy he pagado 3,5 euros. Y, además, lo he acompañado con dos cañas de cerveza, a euro la tirada, algo imposible entonces.

 

A pesar de lo muchísimo que ha subido el precio de los calamares desde 1975 hasta hoy, no cambio un bocadillo por otro. Ni siquiera estoy dispuesto a cambiar los años y lo que los años acarrean.

 

Si acaso, cambiaría el paisaje. No la democracia por la dictadura, pero sí la actitud ante la vida de la mayoría de la gente. Entonces, con Franco moribundo, luchábamos, todos, cada uno a su manera, por la libertad, por la democracia, por la autonomía, por la justicia, por la integración de España en las instituciones internacionales... Y hoy, buena parte del país lucha contra la democracia, contra la libertad, contra la autonomía, contra la justicia y por la salida de España de las instituciones internacionales.

 

Entonces, simplemente por ser jóvenes y/o barbados, los grises y los Gerrilleros de Cristo Rey nos corrían por calles y plazas, cachiporra en mano. Y hoy, simplemente por no ser ellos, nos muelen a golpes de corrupción, de chulería y de indignidad, los políticos de izquierda, los de derecha, los medio pensionistas, los profesores universitarios, los sindicalistas, los empresarios, los periodistas...

 

Con un agravante, ni los grises ni los guerrilleros de Cristo Rey se escondían a la hora de pegar. Todo lo contrario. Iban de frente, uniformados y con el arma en la mano. Por eso les derrotamos entre todos. En cambio ahora, o tienes una buena manta bajo la que cobijarte o estás muerto. Las palabras te señalan, pero es el silencio el que mata.




viernes, 16 de septiembre de 2016

La madre que parió a la señal de la gasolinera, señor guardia


José Joaquín Rodríguez Lara


Tenemos unas carreteras manifiestamente mejorables. Muchas tienen el firme suelto; demasiadas son estrechas; otras, excesivamente voluptuosas. Las hay sin pintar y hasta las hay mal pintadas, pero lo peor de todo es lo mal señalizadas que están muchísimas de ellas.


Podría suponerse que la mala señalización afecta exclusivamente a las carreteras locales y comarcales. No es así. Hasta las grandes avenidas del asfalto están mal señalizadas.


Sin ir más lejos, la Ruta de la Plata, la Autovía del Oeste, la espina dorsal de las carreteras españolas. Pues no sé si será debido a que, cuanto más bajas hacia el Sur, más te alejas de la espalda y más te acercas al culo, pero en la Autovía de la Plata hay graves problemas de señalización.


Cierto es que el nombre de todos los río, riveras, arroyos, regatos y regaderas (de riego) está perfectamente indicado. Hasta el punto de que un viaje por esa autovía debería de convalidarse al menos por un trimestre de estudios en la Facultad de Geografía. Pero si usted viaja por la Ruta de la Plata y no busca ríos, sino una gasolinera en la que nunca estuvo antes, terminará cagándose en la madre que parió a la Administración Española en toda su extensión y departamentos.


Porque pudiera ocurrir que usted necesite con urgencia una estación de servicio; para echar carburante, para echar una meada o para echarse algo entre pecho y espalda que son las cinco de la tarde y ya no se acuerda ni siquiera si desayunó.


Con los ojos como platos busca usted la señal de gasolinera y a la altura de Guijuejo encuentra una. ¡Por fin! Toma usted la salida que le indica la señal, sale de la autovía, llega a una rotonda y allí se pierde, pues ninguna otra señal le indica qué vial debe seguir para llegar a la gasolinera. Estará en Guijuelo, se dice usted. Estará, sí, pero dónde está. Porque llega usted a Guijuelo y no ve la anhelada gasolinera.


Más irritado que pesaroso, regresa usted a la autovía y poco antes de llegar a Béjar, localiza otra señal de gasolinera. Abandona la autovía por la salida que le indica la señal, llega a otra rotonda, toma un carril... Y, ¿dónde está la gasolinera? No se sabe. Oculta detrás de alguna curva, en una hondonada, después de tres casas, en el cauce del río Riofrío... Puede estar en cualquier sitio, porque ninguna señal indica su ubicación.


En demasiadas carreteras de España es más fácil encontrar un puticlub que una gasolinera. Sobre todo, a partir de ciertas horas.


A la Guardia Civil de Tráfico, y a la de no tráfico, que caminéan por estos lugares, ¿no les llama la atención que las señales de gasolinera desaparezcan tan pronto como sales de la autovía? Ya, ya sabemos que los agentes de la Guardia Civil no están para poner señales, están para poner multas, y vaya si se esmeran en su cometido.

 
Pero tampoco son bomberos los agentes de la Beneméita y, si ven un incendio, intervienen. Y no son matronas, pero si encuentran a una mujer de parto en la carretera, intervienen. Y es más, no son cowboys ni garrochistas y si un toro bravo se echa a la carretera intervienen. Hay vídeos que lo demuestran.

 
Entonces, ¿por que no intervienen cuando las señales de tráfico están mal puestas, oxidadas, ocultas por la vegetación o simplemente no existen? ¿Hay algo más peligroso que un conductor perdido en una rotonda o en un cruce debido a que no sabe qué dirección tomar? ¿La seguridad vial se basa exclusivamente en que el conductor no beba, tenga la documentación en regla, no haya perdido un reflectante o conserve los neumáticos en buen estado?


¿La señalización deficiente no es un peligro añadido al riesgo de conducir? ¿No hay ITV de carreteras para controlar si funcionan las señales de tráfico? Incluidas las señales puramente informativas. Y a la Administración y a los agentes de Tráfico, ¿quién les examina, quién les inspecciona?


Señores agentes de la Guardia Civil, cuando hay problemas de seguridad y riesgo físico para las personas, son ustedes la última esperanza de gran parte de la ciudadanía española. Por favor, no consientan que esa esperanza también desaparezca.


lunes, 12 de septiembre de 2016

- Que haya ricos obsesionados con entrar en política no me preocupa.

Lo preocupante es que existan pobres empeñados en salir ricos de la política.


domingo, 11 de septiembre de 2016

- El cero es la rueda de las matemáticas. 

Pero no por su forma. 

Por su gran valor y su enorme utilidad.


martes, 6 de septiembre de 2016

Todas y todos y LGTBI de bien


José Joaquín Rodríguez Lara


Todos los años se descubren especies nuevas y casi todas las semanas suenan las alarmas anunciando que hay otra familia, una más, en el libro rojo de las especies, en peligro de extinción.


Incluso a veces se descubren nuevas especies que ya estaban en trance de desaparición antes de descubrirlas. Algo muy normal y razonable, pues están en peligro porque hay pocos ejemplares y habitan en lugares muy aislados. Si hubiese muchos y por todas partes, la especie llevaría siglos descubierta.


En fin, que ni las pulgas ni las garrapatas ni tampoco otros muchos especímenes chupasangre están en peligro de extinción. Por algo será. 


Pero la extinción de lo bueno, bonito y barato es un hecho, aunque, de tanto repetirlo, suene como el Día Internacional de lo que Sea. Ya no llama la atención.


Cada día hay más alarmas que, cada vez, alarman menos sobre las extinciones de animales, plantas, lagos, glaciales... Y, mientras tanto, hay otras joyas de la naturaleza que se están extinguiendo y sobre las que nadie alerta ni hace documentales preservativos. 


Me refiero a especies como la honradez -la honestidad, que es otra cosa, ya se da por extinguida-; la justicia -devorada por la caridad, que es una especie invasora-; la tolerancia; la generosidad; el respeto; el sentido de la docencia social -deudora de la práctica de la decencia ciudadana-; el civismo -sustituido por una pseudosolidaridad global que, desde la lejanía, idolatra a las selvas ajenas y desprecia los arbolillos propios-; el sentido común; la humanidad -no como conjunto de especímenes, sino como sentimiento identitario de la especie-, y tantas cosas que antes se guardaban en ese cajón de sastre llamado 'hombría de bien' y que ahora, para no ofender ni a ellas ni a ellos ni tampoco a las otras ni a los otros, habría que llamar algo así como 'todas y todos y LGTBI de bien'.


La humanidad es una especie en riesgo de desaparición, pero la especie humana cada día es más diversa.